El juicio de la vergüenza

Gerardo Maldonado Zeas

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De manera absurda, 104 asambleístas juzgaron a través de un juicio político a quien defendió al Ecuador en octubre de 2019, para evitar que las hordas de correístas e indígenas fanatizados por el enfoque terrorista y vandálico, se tomen totalmente Quito y den un golpe de Estado.

Discursos vacuos de los juzgadores, predispuestos para votar por la censura, carentes de sindéresis para entender las razones por las cuales enfrentaron a una mujer inteligente y valiente, acusándola de una supuesta orden para utilizar bombas lacrimógenas caducadas. Argumento falaz y vergonzoso.

En el ejercicio político de bambalina de los enemigos de María Paula Romo, se mezclaron la venganza contra quien puso el dedo en la llaga al denunciar con nombres y apellidos a los coludidos en varios escándalos de corrupción, con la necesidad de aparecer justo en la época electoral para hacerse propaganda. Le juzgaron algunos asambleístas sin un ápice de autoridad moral, otros reafirmando sus actos de toda la vida de juntarse con dios y el diablo. Los del ala dividida de AP, quienes apoyaron al presidente en los inicios de su gestión, ausentes en los días duros de la pandemia, castigaron infamemente a la ex ministra quien estuvo al frente del Comité de Emergencias Nacional, mientras ellos pasaban cómodamente en casa.

María Paula Romo, puede irse en paz porque es inocente y por recordar, a través de una intervención magistral, la miseria de ciertos grupos de políticos perversos. Los interpelantes Roberto Gómez y Amapola Naranjo, expusieron una serie de argumentos insólitos para supuestamente no quedar peor de lo que son, y corroborar las razones por las cuales la credibilidad de la Asamblea es menor al 10 %.

Mientras tanto, los destructores del país, quienes quemaron los edificios de la Contraloría y Teleamazonas, devastaron ciudades y golpearon policías, a quienes los asambleístas felicitaron en un acto de hipocresía mundial, no tienen la posibilidad de ser juzgados por la Asamblea, porque de seguro serían liberados del dolo y la condena. (O)