Pasión por el vértigo

Nicanor Merchán Luco

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Permítanme por esta única ocasión apartarme del tema ambiental, el que siempre abordo desde hace varios años para decir unas palabras sobre un amigo que acaba de partir. Conocí a Freddy Hinojosa quien era primero muy amigo de mi hijo Felipe por el amor a los caballos y luego por su pasión por las motos. Rodamos juntos por el Ecuador y varios países de América Latina en donde se forjó una sólida amistad. Freddy mostró siempre por su don de gentes, ser un excelente amigo, todo el mundo así lo recuerda, y a pesar de sus problemas siempre mostró una sonrisa amplia. Fue un excelente piloto uno de los más rápidos de Cuenca por eso en muchas ocasiones abusaba de su destreza, siempre manejaba como un verdadero misil, haciendo honor a su apodo.

Un poema de autor desconocido publicado en Jalisco dice algo así como que: “las personas al morir se transforman en polvo, pero los motociclistas nos transformamos en viento, que vuelve al camino, a la ruta, en busca de que pase un hermano para acariciarle y abrazarle”. Por eso se siente tan confortable el viento que golpea en el pecho, porque es como el abrazo del viejo amigo. Freddy, esperamos los motociclistas que convertido en viento te podamos abrazar nuevamente en el camino.

Los amigos reviven en cada recuerdo, en cada ruta, en cada amanecer, a Freddy le encantaba el campo, la naturaleza, el descubrir los paisajes, pero de manera particular gozaba del vértigo de la libertad, buscaba ser feliz, comprometerse con la alegría de volar. Fernando Sabatier dice: “que, así como se requiere de una brújula para dirigirse en medio del mar, el hombre para orientarse requiere de la ética”, la que señala el rumbo, Freddy tenía esa conciencia moral, esa ética que le permitía buscar la libertad y el viento con su acelerador en la mano. (O)