Con sal a gusto

Alberto Ordóñez Ortiz

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Frente a la proximidad de las elecciones –febrero próximo, salvo conflictos imprevisibles- la tensión política del momento, se centra en el Consejo Nacional Electoral, organismo en el que las papas están que queman y donde todo permite inferir que, bajo la mesa, se estarían celebrando acuerdos nada santos para que ciertas candidaturas sean convenientemente aceptadas o rechazadas como simple papel de desecho. Esto quiere decir que poderosas fuerzas externas –entiéndase movimientos y partidos políticos de envergadura- serían los que “inspiran” las decisiones del CNE. Las disputas internas del organismo, que alcanzan decibeles nunca antes registrados, serían el ingrediente que faltaba para dar sazón a la explosiva sopa electoral, con sal a gusto, surtida por quienes son los dueños del áspero proceso eleccionario.

Basten algunos ejemplos para confirmar nuestros asertos: La aceptación de tiendas políticas que estarían financiadas con dineros de dudosa procedencia, que incluiría a los que proceden del narcotráfico, como la admisión de ciertas candidaturas que fueron inscritas pese a que no hubo el proceso de primarias, conforme lo exige el Código de la Democracia; son, entre otras, decisiones que le quitan el piso a nuestra frágil democracia.

Empero, el proceso avanza en medio de conflictos que por ahora rebasan los ruidosos desajustes entre sus miembros, para instalarse en el Ministerio de Finanzas y su inconsulta decisión de desconocer y desaprobar el presupuesto del CNE. Las pugnas –reales o intencionales- tensan el ambiente a límites insoportables. Así las cosas, sólo falta que en el día de las elecciones haga acto de presencia el conocido apagón. Hasta tanto, a la sopa electoral que se cocina, agréguele sal a gusto, a condición de que, no sale más la salada suerte de un país al que siempre le faltó el azúcar.  (O)