Por los siglos de los siglos…

Mario Jaramillo Paredes

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Cada tres de noviembre o cada doce de abril en Cuenca se ha vuelto tema de elucubración si vendrá o no el Presidente de la república y cuánto dinero traerá o que obras anunciará. Y, por los siglos de los siglos seguiremos así-mendicantes- a menos que alcancemos una autonomía radical y, si es necesario, un federalismo que nos permita ser creadores de nuestro destino.

En esta ocasión- por ejemplo- el Presidente se tomó la molestia de enviar un ministro o delegó a algún otro funcionario. Y, me parece haber oído que entregó o por lo menos ofreció un millón de dólares para algo. Y, junto a la crítica por la ínfima limosna vino la crítica porque a día seguido a alguna ciudad de Manabí entregó varios millones. Es la historia de siempre. Recibir limosnas del Estado en vez de ganarnos el derecho de que se haga justicia con una ciudad y una región abandonadas.

De poco sirven los discursos de ocasión y los saludos formales. Rebelde, valiente, altiva, se convierten en adjetivos vaciados de significado, cuando se aplican a un conglomerado que soporta agravios e injusticias de parte del estado central siempre lejano e indolente. El significado de esos adjetivos hay que ganarlos o recuperarlos, como lo ganaron quienes lograron la independencia hace ya doscientos años. Con hechos y acciones. Parándose fuerte. Al fin y al cabo, peor de lo que nos tratan, difícilmente podrán hacerlo.

Debemos empezar a repetir como mantra, que Cuenca no da para más mientras no se abra aquí y en el país una corriente poderosa de descentralización que termine con dos siglos de sometimiento a la burocracia estatal. El problema no es que venga o no a las fiestas el Presidente. El problema es que hemos perdido capacidad de reclamar y pelear. El camino es forjar una nueva independencia. (O)