Nuestra salud depende de lo que comemos

1993
Los huertos urbanos son una alternativa para producir alimentos sin químicos, y así mejorar la salud de la población.

Interesantes conocimientos compartieron los expositores del Foro Virtual “Cultivar, Nutrir, preservar juntos”, que se llevó a cabo por el Día Mundial de la Alimentación 2020, que se celebró el 16 de octubre.

Este evento fue organizado por la Red de Cátedras Libres de Soberanía Alimentarias y Colectivos Afines (Red CALISAS)-Argentina; la Unión de Científicos comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina, (UCCSNAL); ReAct Latinoamérica y el Frente Nacional para la Salud de los Pueblos-Ecuador.

María Esther Lasta, Bioquímica, especialista en Inmunología Clínica, miembro del programa de autoprotección de alimentos de la Universidad del Mar del Plata-Argentina y miembro de Red CALISAS, habló sobre el Intestino del Tercer Mundo e hizo un análisis de qué pasa con la microbiota intestinal. Lo que sabemos es que nuestras enfermedades y la desnutrición, están controladas por estos microorganismos que están dentro del cuerpo, indicó.

Es un ecosistema que tiene una simbiosis perfecta con el sistema intestinal, y es uno de los ecosistemas más poblados del planeta. Es un verdadero órgano vital del cuerpo. La microbiota intestinal puede llegar a pesar de uno a dos kilos. Todo lo que sucede en el intestino, se refleja en el sistema nervioso central.

La microbiota intestinal empieza a formarse desde el nacimiento y crece hasta los 2 ó 3 años. La microflora intestinal tiene una función de nutrición, sintetiza las vitaminas para el cuerpo y nos defiende de los gérmenes patógenos, explicó la expositora.

El desequilibrio de la microbiota se llama disbiosis y puede producir diarrea, obesidad, diabetes, reflujo, úlcera del intestino, enfermedad celíaca, incluso el Alzheimer, Parkinson y Autismo en niños.

Los factores que desequilibran la microbiota intestinal son las vacunas, los agrotóxicos que destruyen las enzimas que nos desintoxican y lo que daña esta microbiota es el consumo de agua no potable, que también es la causante de la desnutrición.Pablo Reyes, médico argentino, magíster en Epidemiología y docente, habló sobre el impacto del sistema alimentario sobre la salud.

La huerta agroecológica es una herramienta integral de salud, de cuidado y autocuidado, de enseñanza y aprendizaje, de participación ciudadana.

Es una fuente de micronutrientes, provee una dieta balanceada, los productos no tienen pesticidas que producen enfermedades, y hay una reducción del consumo de ultraprocesados.

La huerta también promueve las relaciones vecinales, familiares e intergeneracionales, de intercambios, saberes, sentires y haceres.

Es un espacio de encuentro con uno mismo, los demás y la naturaleza, además que ayuda a la salud mental de las personas, indicó.

Rafael Lajmanovich, doctor en Ciencias Naturales con espacialidad de Zoología, investigador del CONICET-Argentina, intervino con el tema “Impacto del modelo agroalimentario en los ecosistemas”.

Habló sobre el nuevo herbicida denominado glufosinato de amonio, que es más tóxico que el glifosato, además es potencial neurotóxico y genotóxico.

Esto se pudo comprobar porque trabajaron con larvas de anfibios, que están expuestos a dosis subletales y se vio que les produjeron malformaciones por el uso de estos agroquímicos, explicó.
En Argentina se preaprobó un trigo resistente a la sequía y al glufosinato de amonio, lo que ha movilizado a la sociedad, porque sería la primera vez en el mundo, que se aprueba un organismo modificado genéticamente, que está directo en la mesa de las personas.
Al principio el glufosinato de amonio será utilizado en pequeñas cantidades y no causará problemas ambientales serios, pero en un lapso de unos 10 años, será de igual peligroso que el glifosato, aunque es 10 veces más tóxico, resaltó.
Silvia Ribeiro, directora para América Latina de la organización internacional grupo ETC, fundadora y directora de la revista Biodiversidad, habló sobre los sistemas alimentarios agroindustriales, que son fábricas de nuevas pandemias. La mayor parte de la alimentación en el mundo (70%) proviene de las redes de pequeños campesinos, indígenas, pescadores, pastores, huertos urbanos, recolección y caza silvestre, sin embargo usan menos del 25% de la tierra y el agua, y menos del 10% de combustibles que se utiliza en la agricultura.
Esto es importante, porque la deforestación, destrucción de la microbiota y enfermedades de la población, tienen que ver con la cadena alimentaria agroindustrial, que aunque produce en grandes cantidades, solamente alimenta a un 30% de la población mundial, aunque ocupa del 75 al 80% de la tierra, del agua y los combustibles, y además es una cadena que está dominada en su gran mayoría, por grandes empresas transnacionales.
Estas cadenas están vinculadas a las enfermedades, tanto las infecciosas, como las no infecciosas, por otro lado es el mayor factor de cambio climático, y también está ligado a la contaminación química, erosión del suelo, del agua y la biodiversidad, etc.
Además ocasionan más del 70% de las enfermedades que son no transmisibles, como las cardiovasculares, hipertensión, diabetes, cáncer, y la obesidad que tiene grado de pandemia.
Las granjas de cría intensiva de animales son focos de pandemias en el mundo, donde se generan virus que están mutando continuamente.
Por ello, hay que apoyar la producción indígena y campesina local de alimentos, huertos urbanos y agroecología, que es lo que más alimenta a la población y menos contamina, cuidar el medioambiente y así prevenir las enfermedades, concluyó la experta.