Hombre idealista y honrado

Edgar Pesántez Torres

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OPINIÓN|

Esta dualidad de atributos es la que caracterizó al doctor Rubén Darío Solís Cabrera, ciudadano en el que se pudo contrastar diáfanamente su enjuta estampa con su pensamiento de escenarios que aporten bienestar a los seres humanos, actuando en concordancia de manera recta, justa y honesta. En estos tiempos de impostura en que los antivalores han superado a sus antónimos, desde el hogar hasta el Estado, es de destacar a este ciudadano paradigma de dignidad e integridad.

Médico y maestro de vocación, activista político e ideólogo convencido, fue un humanista que exaltaba las cualidades del hombre y defendía sus derechos. Errado o no, fue sugestionado por una doctrina política con la que quería llegar a una sociedad más justa y libre. Su mayor desempeño estuvo en la cátedra y en la dirigencia, varias veces Decano de Medicina.

Algunos reconocimientos le los concedió, uno de ellos el ´Timoleón Carrera Cobos´. En 2010 obtuvo la presea Municipalidad de Cuenca, galardón que no fue autogestionado como impúdicamente se ha visto en ocasiones similares; esta vez, mayoritariamente se consideró su comportamiento cívico ejemplar y su labor descollante en favor de la comunidad.

Por entonces bosquejé algunas facetas del galardonado, en cuyo epílogo expresaba: “…Un hombre persuadido del comunismo, un maestro convencido de su apostolado, un ciudadano honesto, que lejos de hacer fortuna denaria dejó riqueza axiológica… Un personaje cervantino que jamás claudicó en su utopía porque, parodiando a Galeano, caminaba diez pasos y el horizonte se corría diez más allá; pero vivió de la utopía, porque sirve para caminar” …

A poco recibí una culta esquela, que, entre otras cosas me decía: “Aparte de que la amistad y el afecto pueden engrandecer algunas facetas de mi vida, no obstante con sus reminiscencias me puse a pensar en el trabajo intenso que acometimos con muchos compañeros de forjar un Partido, organizar a las comunidades y la tarea difícil y paciente de educar y formar la conciencia de nuestros obreros, campesinos, moradores barriales, sin abandonar ni por un instante, como bien recuera Ud., las obligaciones académicas y universitarias que teníamos. De toda esa lucha nos queda tantas lecciones…”

¡Y de su lucha, maestro, colega y amigo, nos queda grandes sabidurías! (O)