Las dos Bolivias con rostro de mujer

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La aimara boliviana Virginia Chambi.
Cuando Elvira Machaca y Virginia Chambi se encuentran en una plazuela de El Alto, la segunda ciudad más poblada de Bolivia, predominantemente aimara, se ayudan mutuamente para atravesar las calles en sus sillas de ruedas y entablan duelos con conductores y vehículos para hacerse camino en medio del caos.

Sus típicas polleras de colores no ondean con sus adornos vivos, como las que lucen aquellas mujeres indígenas que pueden caminar. Su condición, en un país que roza el 40 % de población en situación de pobreza, según la CEPAL, las coloca en una situación especialmente vulnerable, más allá de su histórica exclusión indígena. El coronavirus ha ahogado la economía y, tras un año de incertidumbre política, esperan que quien sea elegido como próximo presidente no las deje de lado.

Los bolivianos vuelven a votar este 18 de octubre, un año después de que el país sufriera una de las peores crisis políticas y sociales de su historia reciente, con tensiones que se mantienen latentes a pesar del parón de seis meses por la pandemia de la COVID-19. El dilema central para los más de 7,3 millones de votantes será definir si el Movimiento al Socialismo (MAS), de Evo Morales, debe o no regresar al Gobierno tras un año de la Administración interina de la presidenta Jeanine Áñez.

El MAS, de identidad popular e indigenista, mantiene un respaldo importante en Bolivia, con un primer lugar en las encuestas a pesar de la crisis que supuso la salida de Morales en noviembre del año pasado entre denuncias de un golpe de Estado y de fraude electoral. Según el último censo nacional, el 41% de la población boliviana mayor de 15 años es indígena.

«Estamos en medio de dos Bolivias» y «las dos tienen razones», dice a Efe Lily Maric, una académica de ascendencia croata que trabaja en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz y que percibe que la tónica de esta elección se ha limitado a estar a favor o contra del MAS.

Esas tensiones que la pandemia no ha podido borrar ponen en duda «la madurez» de los bolivianos que, a juicio de Sayuri Loza, hija de la primera chola aimara boliviana en llegar al Parlamento y en ser candidata a la Presidencia en 1997, salen a luz por la insistencia en «eliminar al otro» políticamente. Polarización.

LA BOLIVIA NECESITADA

Elvira Machaca (c) se transporta en silla de ruedas.

Elvira no anda desde los 3 años porque enfermó de poliomielitis. Su vida en Parajachi, una comunidad cerca del lago Titicaca, fue difícil porque su discapacidad le impedía salir de casa, ir a la escuela y hacer amigos.

En aquellos años, su padre no tenía dinero para comprar una silla de ruedas y las veces que salía de su casa era cuando él la «cargaba» o llevaba «en carretilla» por caminos de ripio o senderos accidentados del altiplano. A los 12 años aprendió a tejer primero a rueca, luego con telares para hacer frazadas a base de lana de oveja y después la técnica de los palillos, adaptaada con huesos de llama.

«Mi hermanita y unas tías me han enseñado y de ahí he aprendido», recuerda con gratitud. Es precisamente ese oficio el que le sirve ahora para sustentarse y que ejerce incluso antes de que su padre le animara a «ir a la ciudad» para depender de sí misma y no necesitar de él.

Virginia también teje, como su amiga Elvira, pero aprendió a la fuerza hace unos años después de salir milagrosamente viva junto a su hijo de 2 años de un accidente de tránsito que se cobró la vida de su esposo. El resultado de ese accidente fue una lesión en la columna vertebral que le impide caminar, algo que le hizo «cambiar de rumbo».

Ahora vive sola con su niño, que tiene ya 8 años, y hace «de todo» en casa, como si nada le hubiese pasado. Más lanzada para hablar de política que Elvira, considera que el nuevo presidente del país debe tener un plan para atender a personas con discapacidad, que «cumpla las cosas que van a prometer».

Ambas mujeres saben por quién se decantarán el próximo 18 de octubre, aunque prefieren guardarlo para sí. Han valorado aspectos como la pandemia, que afectó la familia de una de ellas, el conflicto permanente de sectores de El Alto con el Gobierno interino y alguna ayuda que les hizo más fácil la vida durante el Gobierno de Morales.

RAÍCES EUROPEAS

La boliviana de ascendencia europea Lily Maric.

Las tensiones en el Imperio austrohúngaro antes y durante la Primera Guerra Mundial hicieron que muchos croatas «desesperados» sacaran a sus hijos y los embarcasen rumbo a América por miedo a que fueran «carne de cañón» ante la inminencia del conflicto bélico, explica Lily Maric al contar la travesía de su abuelo, Stephan Maric Gurdelic, desde Europa.

Los croatas son gente «que se ha formado en la pelea y en la lucha por sobrevivir y han construido empresas y espacios que muchas veces no se les reconoce», señala esta mujer sobre su ascendencia europea, siempre complacida de ser boliviana.

Los Maric llegaron primero a Chile, pero por razones de trabajo el padre de Lily, Esteban Maric Bertolotto, terminó en Bolivia, donde conoció a su madre Celida Palenque, una boliviana «de cepa» que se rehusó «rotundamente» a dejar el país.

Con un halo de orgullo en su voz, Lily insiste en que los croatas que llegaron a América se distinguieron de otros grupos de inmigrantes porque se quedaron en la tierra, «construyeron país» y ayudaron al desarrollo industrial y económico de Bolivia.

Apellidos españoles como Mansilla, Caballero, Saavedra, Barbery, Roig o Justiniano impulsaron sectores como la soya, la siderurgia o la genética bovina; mientras familias balcánicas como Marinkovic o Kuljis se dedicaron a la industria y el comercio, y las alemanas Schwartz o Wille, y la italiana Colanzi se convirtieron en referentes en campos como el maderero y agroindustrial.

Lily cree que en los últimos tiempos se ha evidenciado aun más que existen dos Bolivias, una popular con rasgos étnicos que mantiene su lucha de «justicia e igualdad», y otra que considera prioritaria la «alternancia» del poder y la «libertad». Ambas con «sus razones».

Pero sobre todo, está convencida de que existen grupos y personas a las que les «interesa esta división», caldo de cultivo para que ciertos sectores logren hacerse con el poder y perpetuarse en él.

Para estas elecciones, Lily ve al MAS y a su candidato Luis Arce bajo el «paraguas de Evo Morales», a su contrincante Carlos Mesa como la expresión de un centro ideológico y a Luis Fernando Camacho de un sector próspero de la economía boliviana que tiene una visión más empresarial que étnica.

LA BOLIVIA MESTIZA

La boliviana mestiza Sayuri Loza (d) junto a una compañera en la emisora en la que trabaja.

«Me considero un eje, un punto de transición. Tengo sangre aimara pero también creo en la Bolivia blanca de inmigrantes que nos han hecho crecer», confiesa a Efe Sayuri Loza, hija de Remedios, la primera chola aimara en el Parlamento y primera candidata a la Presidencia hace más de 23 años.

La vida de Sayuri está muy ligada a la de su madre, lleva la identidad aimara consigo sin que ello implique que haya heredado aquellas polleras tan emblemáticas que caracterizaron a las mujeres que apoyaban masivamente al partido CONDEPA, liderado por el fallecido Carlos Palenque y en el que Remedios era una de las mujeres fuertes, en las décadas de 1980 y 1990.

«La pollera de mi madre fue maravillosa y la respeto, pero es una prenda de vestir como cualquier otra», expresa Sayuri, que así argumenta su ser mestizo y no mantener ese atuendo como algo permanente de su identidad.

«Vivo disfrazándome», señala esta mujer de 38 años que estudió en Japón, vivió en Indonesia y regresó a Bolivia, que profesa el budismo y que así como puede lucir unos pantalones vaqueros puede tomar las polleras de su madre, un suki o un kimono.

Sayuri se resiste a entender Bolivia como una suma de contradicciones entre el campo y las ciudades, entre los indígenas y los mestizos, entre los seguidores del MAS y sus contrarios, porque cree que intentar «eliminar al otro» políticamente es algo que no se va a poder hacer y es necesario «aprender a convivir».

Esta mestiza boliviana de origen aimara y de impronta asiática, que además rechazó a Evo Morales la oferta de ser candidata parlamentaria en la pasada elección de 2019, considera que Bolivia atraviesa por un salto en el que el poder político sentado en La Paz durante el siglo XX está por pasar a Santa Cruz, la mayor ciudad del país.

Sobre Luis Arce, Sayuri dice que es alguien que «no abusó del poder» como otros de su partido, que fue un «excelente economista» durante la bonanza boliviana como ministro de Morales, pero cree que el escenario actual, con los efectos de la pandemia, suponen un reto mucho más complicado.

El país ve como su economía se hunde tras más de cinco meses de cuarentena, con una recesión de casi el 8 %, y el desempleo se dispara a cerca del 11, más de doble que al término de 2019.

En Mesa, Sayuri ve un «excelente intelectual» que sin embargo carga el peso de haber tenido un Gobierno «pusilánime» – de 2003 a su renuncia en 2005- y considera que su mayor defecto es tratar de «gustar a todos». Por contra, sobre el exlíder cívico Luis Fernando Camacho confiesa que lo ve como un hombre que «no tiene madurez pero tiene muchos sueños» y que con algo más de crecimiento político podría convertirse en presidente de Bolivia. EFE