«Matar» a Macron: la propuesta radical de un «escape room» francés

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La premisa del hasta ahora discreto «escape room» Arkanes de Toulouse es tan extrema como efectista: el usuario tiene la posibilidad de liberar al presidente de Francia, Emmanuel Macron, presentarlo ante la Justicia o «matarlo», una opción que ha colocado a ese local en el foco de la polémica.

El juego, lleno de guiños a la actualidad, se inauguró en agosto de 2019, pero pasó desapercibido hasta que un artículo de este octubre en el diario local «La Dépêche» hizo que todas las miradas, nacionales e internacionales, se fijaran en él.

Los participantes tienen como meta principal localizar al jefe del Estado, quien, según ese punto de partida ficticio, hace una semana que no ha hecho ninguna aparición pública tras la vuelta de las vacaciones.

Quienes acuden a Arkanes, grupos de tres a ocho personas a partir de los 12 años de edad, se meten en la piel de unos anarquistas y tienen 75 minutos para encontrar al mandatario antes de la llegada de las fuerzas del orden.

Resolver con éxito los distintos enigmas iniciales conduce finalmente a la sala en la que está ese falso Macron, un muñeco con su apariencia, en silla de ruedas, atado con cinta adhesiva y con la cara amoratada.

Pueden liberarlo con «polvo de perlimpinpin», expresión francesa para designar una pócima mágica que el presidente utilizó para referirse a algo supuestamente milagroso pero ineficaz; presentarlo ante los tribunales o «matarlo» con un cóctel molotov fabricado con trozos de «chaleco amarillo», la prenda que identificó al movimiento contestatario en su contra.

«Tres cuartas partes eligen ‘matarlo'», cuenta la gerente del local, Camille, responsable del guión de ese juego y de toda la ambientación.

Su muerte también es simbólica en Arkanes: no se escenifica, porque los jugadores solo salen de la sala habiendo elegido su propio final.

«Macron para mí era una excusa para hablar de otros políticos, como el exprimer ministro François Fillon, hombres que han abusado de su poder, que han mentido ante los medios y han acabado con penas de prisión mínimas», explica Camille, que prefiere no difundir su apellido.

Pero los motivos por los que el jugador puede optar por que se le juzgue sí tiene una base real: «Su tratamiento dramático de los movimientos sociales, el uso desproporcionado de la violencia por parte de las fuerzas del orden o la gestión ridícula de la situación sanitaria», estima la gerente.

Quienes acuden a su local «evidentemente no son pro Macron, aunque es un juego, la gente viene para pasar un buen rato, para reírse».

No obstante, la radicalidad de su propuesta y el aumento de su exposición mediática ha hecho que Camille, que en el pasado fue integrante de los «chalecos amarillos», esté recibiendo amenazas de muerte y de violación, y advertencias de posibles denuncias ante la Justicia que no se han materializado.

«Al principio no pedí consejo judicial y sigo sin haberlo hecho. Si supone un problema, que el Elíseo me pida que cambie el final», añade la joven, de 34 años, y cuyo centro ha recibido desde agosto del año pasado a unas 1.000 personas. EFE