Historia del Árbol de Navidad

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OPINIÓN |

El árbol ha sido utilizado muchas veces como símbolo de la unión del cielo y la tierra; por eso, en muchas religiones, sobre todo en las orientales, el árbol es un signo de encuentro con lo sagrado, del encuentro del hombre con la divinidad. Las tribus nórdicas europeas y americanas, así como los druidas, tenían árboles sagrados alrededor de los cuales se reunían para entrenar en comunión con Dios. Se dice que el árbol gigantesco servía de apoyo al mundo y que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, la luna y el sol (lo que explica la costumbre de poner luces a los árboles). En algunas casas de los países nórdicos, durante la estación invernal, se cortaban ramas y se las decoraba con pan, fruta y adornos brillantes para alegrar la vida de los habitantes de la casa mientras trascurrían el invierno. Otros hablan que Martín Lutero fue quien introdujo la costumbre de adornar con manzanas un árbol para tratar de explicar los dones que los hombres recibieron con el nacimiento de Jesucristo. El árbol de Navidad también representa ese árbol que nace y que con el tiempo madurará en un gran árbol del cual saldrá la cruz que tal como nos recuerda la liturgia del Viernes Santo: “Cruz amable y redentora, árbol noble y espléndido, ningún árbol fue tan rico ni en frutos ni en flor”. (O)