Hilo y ovillo

492

EDITORIAL|

Uno de los muchos refranes que aparecen en El Quijote dice “Por el hilo encontraremos el ovillo”. El sentido es claro en cuanto partiendo de un indicio, aparentemente de poca importancia, se llega a la sustancia de un problema mayor. Culminó el juicio por soborno que condena a Correa y algunos de sus colaboradores a ocho años de prisión y pérdida de derechos políticos. La corrupción en el anterior gobierno era un secreto a voces, pero no había decisiones judiciales que sancionase al cabecilla, aunque sí a su segundo de a bordo y otros. Esta sentencia llega meses antes que termine el actual gobierno, lo que, por lo menos en parte, recupera la credibilidad en la administración de justicia.

En el anterior gobierno nuestro país tuvo, por un tiempo, un enorme incremento de ingresos debido a que la cotización internacional del petróleo –sustento básico de nuestra economía- fue la más alta de la historia. Pero cuando terminó la presidencia de Correa, quedó el país con un gigantesco incremento de la deuda externa y con la burocracia mayor que conocemos. A las denuncias de corrupción se respondía con sus clásicos insultos y la manipulación del poder judicial fue evidente, al igual que la “tibieza” –por ser generosos- de los fiscales. La capacidad y firmeza de la actual fiscal ha contribuido a que el proceso se lleve a cabo con honestidad, superando temores y amenazas, lo que merece nuestro respeto.

 El monto económico del perjuicio al Estado en este juicio es reducido en relación con un elevado número de casos denunciados, algunos de los cuales están en proceso de investigación. Creemos que es el inicio para llegar al “ovillo” con miles de millones de dólares.   Esperamos que, superado temores seguirá adelante, que la credibilidad en la justicia se robustecerá y la “pandemia” de la impunidad bajará. La corrupción es un mal global, lo que de ninguna manera justifica su tolerancia. Hecho como el que comentamos tiene la importancia de mostrar que la justicia es igual para todos, más que una sabia declaración, es una realidad.