Presupuestos 2021 con lupa

Bladimir Proaño

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OPINIÓN|

Los nuevos Presupuestos se deben elaborar en un contexto económico inusualmente incierto por las características de la pandemia, pero con algunas pautas que aparecen con cada vez más nitidez. En primer lugar, Ecuador está inmerso en una crisis asimétrica con unos sectores con más malevolencia que otros.

Otro factor específico, sin duda asociado a lo anterior y a la multiplicación de contagios, es el deterioro de la confianza que se cierne sobre el consumo de los hogares. Las expectativas de los consumidores, que se están recuperando desde mayo, que se mantienen para sostener en algo la economía si lo comparamos con igual periodo del año anterior. Los indicadores disponibles como las ventas minoristas y la facturación de grandes empresas en bienes de consumo se perciben al alza. Asimismo, el ahorro se acumula en depósitos bancarios, por la creciente cautela de los hogares que se resisten a gastar ante un panorama tan incierto.

De ahí se pueden deducir algunas consideraciones relevantes de cara a la elaboración de los próximos presupuestos. Uno, el detalle del impulso fiscal importa más que su tamaño. Un incremento generalizado del gasto público, o una reducción de impuestos, no solventarán la crisis sectorial ni necesariamente resultará en un comportamiento distinto del ahorro privado, que seguirá atesorándose, restando fuelle a la economía.

El diagnóstico también aboga por un mayor protagonismo de la inversión (en educación, salud, energías renovables y políticas activas eficaces, temas para los cuales parece haber un cierto consenso). Y por acciones específicas para afrontar el riesgo de quiebra de muchas empresas viables. Un presupuesto de inversión expansivo tiene toda su lógica en una economía que requiere de un cambio estructural. Sin embargo, las circunstancias también aconsejan un esfuerzo de contención del resto de presupuestos, de forma que su evolución sea compatible con el crecimiento de la economía. Las favorables condiciones de financiación del déficit con el apoyo del FMI, que se mantendrá por un tiempo prolongado, no nos eximen de una mayor selectividad en la política fiscal.

Todo depende, por tanto, de nuestra capacidad para acometer unos presupuestos que respondan a una revisión con lupa y que responda al actual contexto de crisis sectorial, de solvencia y de confianza. (O)