Maestros

Claudia Acosta A.

314

OPINIÓN|

Esta nueva manera de vivir, en la cual estamos inmersos, está dejando ver cuán caducos y obsoletos nuestros sistemas humanos resultan ya y en todo aspecto, nada parece sólido, estable… sistemas políticos, económicos, productivos, nuestra civilización, nuestro mal llamado “progreso” parece no funcionar más…  y es que venimos tanto tiempo haciéndolo de la misma manera, que es natural que las cosas no funcionen ya; pensadores, filósofos, científicos manifiestan esta necesidad de cambio urgente en nuestras formas de vida, también el hecho de que éste difícilmente se dará desde estas solidificadas estructuras, éste se dará desde el individuo…

Partir desde el inicio: el niño, la niña en sus primeros años de vida; varias veces he escrito sobre la importancia de la madre en casa apoyando este proceso; ahora quiero enfocarme en lo que viene luego, la educación formal en la cual niños y jóvenes están sumergidos cada vez durante más tiempo: guardería, escuela, colegio, universidad, diplomado, especialización, maestría, doctorado; nada basta ya (sí, la acumulación en el ser humano no es solo de cosas,  es de saberes también…) pero, paradójicamente este apto y preparado ser humano, tan docto, eficiente, competente parece no tener las herramientas para hacer de este mundo un lugar mejor, al contrario,  muchos ejemplos muestran como este saber e información lejos de mejorar la vida de las personas, se pone al servicio de intereses personales, mezquinos, y cortos de vista…

El sistema educativo y lo que persigue quizás es lo primero a replantearse para un cambio de conciencia, un sistema centrado en la competencia, en la productividad y eficiencia humana, cualidades de un mundo donde la producción y el capital son los principios imperantes, cualidades netamente masculinas y si bastante agresivas; pero,  qué pasa con el lado opuesto de la moneda, con aquello que nos hace realmente humanos: la bondad, la compasión, la expresión, el arte, la intuición, el trabajo en el SER ¿dónde está…?

Aquí es donde la nueva educación tiene que intervenir, no son grandes infraestructuras y conocimientos lo que se necesita, se necesita de seres humanos trabajados a profundidad, esculpidos, pulidos, MAESTROS que llenos de amor, respeto y cuidado de sí mismos, puedan transmitirlos y ponerlos al servicio, ¡recordándoles siempre que ese barro fresco que a sus manos llega para ser moldeado, es barro sagrado! (O)