Bajan ventas en productos y servicios para fiestas

Varias familias dependen de comercios especializados en cumpleaños y más eventos

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Julio Lupercio, dueño de uno de los tradicionales locales de venta de artículos de fiesta, declara que está en crisis. ACR

Impacto en alquiler de sillas, mantelería, decoración y más segmentos


La venta de productos y servicios para festejar los cumpleaños ha sido uno de los negocios más impactados por el Covid-19.

No solo es el comercio de globos y tortas, este segmento de la economía representa una serie de ejes: alquiler de sillas y mesas, decoración (cuando es fiesta temática), disjey y música, payaso, fotógrafo, animador, piñata, helado y golosinas en general, bolsas-regalos/recuerdos y otros.

En esta pandemia ya no se realizan fiestas de cumpleaños grandes, tal vez el grupo íntimo familiar.  Lo sabe Ruth Cuesta, de 45 años de edad, quien lleva 15 años haciendo tortas.

Antes de la emergencia sanitaria tenía contratos de 40 y 50 tortas a la semana y no solo con motivo de cumpleaños, hoy máximo seis tortas.

Lo más preocupante es que los pocos pedidos que tiene son para tortas de máximo 20 personas a 17 dólares.  Tiempo atrás, su trabajo era bastante cotizado, hacía pasteles para 200 personas, cobraba 160 dólares por torta.

Ella y su esposo que también trabaja en este oficio esperan con ansiedad a que termine el estado de excepción “nos toca esperar para ver que se reintegre todo, la gente cuencana si es bien fiesterita”, comenta Cuesta.  No tienen otro ingreso familiar; trabajan desde su casa en Miraflores.

El envío de tortas a domicilio, según dice, no es una opción porque no hay demanda, lo que vende es mediante “conocidos”.

Jenny Briones, comerciante, muestra los moldes de tortas. ACR

Otro actor de esta cadena de servicios afectado por la pandemia es “Tallarín”, Jorge Maxi, de 30 años de edad, de oficio payaso, hoy no tiene ningún contrato por lo que se ha dedicado a laborar como albañil, que tampoco es seguido.

“Trato de sobrevivir, antes mi trabajo era excelente, ahorita ya no animo ningún evento porque la gente tiene miedo de contagios”, lamenta.  De 40 a 50 dólares solía cobrar por una hora de presentación, ahora los pocos potenciales clientes lo llaman para ofrecerle una hora por 25 dólares.

Con dolor, acepta porque no gana mucho, pero es mejor que nada, de esos 25 dólares resta: pago de taxi, maquillaje y lavado del traje.

La situación es tan delicada que, cuando no está de albañil, hace empanadas con su esposa y salen a venderlas en las calles como ambulantes, así como verduras.

Las fiestas virtuales, con su participación como Tallarín, no es una alternativa, ya que hasta hoy nadie lo ha contactado para ese fin, pero no se cierra a esta forma laboral.

Jorge Maxi, de oficio payaso, hoy trabaja como albañil. Cortesía

Altos costos de arriendo inciden, también, en el trabajo diario de este tipo de negocios

Mientras tanto, en la calle Sucre, entre Juan Montalvo y Tarqui ahora se ha concentrado una gran cantidad de negocios de venta de artículos para fiestas.

Lilia Briones arrienda uno de esos locales, comenta que varios de estos comercios antes ocupaban la misma Sucre, pero entre la Tarqui y la General Torres, se cambiaron a esta cuadra porque hubo desocupación de tiendas durante la pandemia.  En esta cuadra paga 250 dólares, en la otra eran 450 dólares.

Pero, igual, ella está cruzada de brazos, no hay clientes, le culpa al hecho de que están prohibidas las reuniones y a que mucha gente se quedó sin empleo.  Lleva cinco años en este oficio, no lo puede cerrar porque ahí está toda su inversión.

Lilia Briones, en su local arrendado, indica la producción que aún no sale. ACR

Alicia Calle, quien trabaja desde hace once años en alquiler de mesas y sillas, mantelería, cubiertos, fondos para pasteles, vestidos de quince años y recuerdos de matrimonio y bautizo, dice que “no sale nada”, solo pequeñas cosas de cumpleaños.

Por eso como estrategia se abasteció de varios personajes para plasmarlos en sus piñatas que bajó de precio.

Uno de los más tradicionales locales de este segmento, fundado hace 25 años, hoy está en crisis, lo confiesa su fundador Julio Lupercio.

“La situación está por los suelos…no hay ventas, vienen y compran unos siete o unos ocho dólares, pero yo tengo mucha mercadería ecuatoriana y peruana en bodega, ahora estoy por rematar porque no sale. Usted sabe que los comerciantes siempre nos endeudamos para hacer algo, ahora tengo que pagar los bancos, el arriendo…tuve que reducir personal”, refuta.

Algunas personas optan por el cumpleaños virtual, la invitación se envía por correo o instagram, hay páginas con plantillas gratuitas para decorar. (I)