Primero en Casa

Andrés F. Ugalde Vázquez @andresugaldev

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OPINIÓN|

Es común escuchar, en cualquier conversación, los muchos y más diversos requerimientos en cuanto a lo que los distintos niveles de gobierno podrían y deberían hacer. ¿Acaso no ha sido usted mismo uno de aquellos que exigen un gobierno más participativo o demanda servicios públicos de mejor calidad? ¿No somos testigos acaso de los continuos requerimientos ciudadanos por un gobierno más respetuoso de los derechos o más cuidadosos con el medio ambiente?  Pues sí.  Todo el tiempo. Y qué bueno que así sea, pues nada hay más sano que un Estado en el cual los ciudadanos demanden el cumplimiento de sus derechos y exijan servicios acordes a sus verdaderas necesidades.

El problema más bien comienza en cuanto al hecho de que, ya en lo que respecta a nuestros mercados privados, muy poco aplicamos de cuanto predicamos. Y quiero empezar haciendo una aclaración: Cuenca es una ciudad que se caracteriza por tener empresarios rectos, éticos y responsables. Sin embargo, bien sabido es que existen doloras excepciones a esta grata generalidad. Dolorosas excepciones donde el respeto a los derechos laborales está lejos de ser una realidad. Empresas en las cuales se ingresa presentando por adelantado la renuncia. Estrictas jerarquías privadas en las que la democracia o la participación en la toma de decisiones son una impensable frontera. Grandes corporaciones en las que la investigación científica es un mito y el respeto al medio ambiente es un incómodo requerimiento. Empresas gigantescas y transnacionales que producen servicios falaces y bienes perjudiciales para la salud o el medio ambiente.

Infinidad de ejemplos (y recuerdo aquí el famoso libro negro de las marcas) que se resumen en una sola y gran lección: No será solo en la esfera del Estado y el servicio público en la cual se ha vuelto imperativo el repensar la relación con el ambiente y la sociedad. Y será el conjunto de la sociedad desde el ámbito público y privado el que deberá cambiar sus paradigmas sobre el cómo se hace empresa, se vende un bien o se sirve al consumidor.  Esto es, al ciudadano.

Existen ya, por ventaja, importantes lecciones de quienes se han decidido a comprender la importancia del trabajo en red, la asociatividad, la investigación y la creación de valor intangible a través del involucramiento activo del consumidor. De quienes se han animado, desde la iniciativa privada, a hacer el bien a través de su giro de negocio. Cuenca misma, a través de sus empresarios, es un ejemplo. Esa nueva mentalidad en la que las corporaciones coexisten con las grandes redes de microempresas socialmente responsables, donde la participación ya no es patrimonio exclusivo del gobierno sino una práctica universal. Un nuevo paradigma donde aquel país que exigimos a nuestros gobernantes comienza primero en nuestras empresas y organizaciones, casa adentro, mediante el respeto a los trabajadores, el cuidado del medio ambiente y la investigación y desarrollo.

Ya verá que no es tan difícil. Ya verá que es posible… (O)