No pueden apagar el incendio

Alberto Ordóñez Ortiz

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OPINIÓN|

Si, ni más ni menos, los bomberos del Azuay no pueden apagar el “incendio” que han provocado -junto con otros responsables- con motivo de la construcción de una estación de bomberos en las cercanías de la laguna illincocha ubicada dentro del Cajas, ese espacio geográfico considerado como “Patrimonio Natural de la Humanidad”, cuya gran diversidad de flora y fauna se encuentran conformadas, además, por una suerte de red interdependiente de ecosistemas que, a más de constituir un escenario único que por su majestuosa belleza se ha convertido en sitio de excepción para el turismo y que, por ventura ha permanecido intocado por varios miles de años, al margen de la mano destructora de personas inescrupulosas o inexpertas.

Dada su extrema sensibilidad, cualquier alteración de las especies que se han desarrollado en su área, por mínima que sea, puede provocar daños irreparables. Su condición de santuario natural obliga a que sea respetado, venerado y protegido a ultranza, por encima de las decisiones de cualquier autoridad que antojadizamente pretenda alterarlo violentando ese mandato supremo que es la defensa de la naturaleza. No sin motivo nuestra Constitución (Art. 377), establece que “Son parte del patrimonio cultural tangible e intangible… y objeto de salvaguarda del Estado, entre otros: “los sitios naturales que constituyan referentes de identidad de los pueblos o que tengan valor arqueológico…”

Para apagar el descomunal incendio, y, digo descomunal, porque es un grave atentado contra la misma supervivencia de un lugar que a nivel planetario constituye una reserva natural invaluable, de nada servirán las mangueras. Es más, esa clase de incendios no se apagan con ellas, sino con sanciones drásticas y ejemplarizadoras. Es imperativo que las autoridades llamadas a hacerlo, dejen dejar escuchar su voz. (O)