Ciudad de Palabras

Andrés F. Ugalde Vázquez @andresugaldev

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OPINIÓN|

Esta historia, inscrita en la leyenda, podría tratarse de una gran ciudad. Una ciudad perdida en medio de las innumerables montañas o dormida junto a alguna playa lejana y desconocida. Una ciudad poco común. Distinta a todas aquellas urbes levantadas con ladrillo, cemento y madera. Diferente de las monótonas ciudades de calles atestadas y edificios simétricos. No. Esta ciudad estaba construida con otros materiales. Esta se había levantado con voces y palabras. Con risas, susurros, rumores, plegarias, versos y leyendas.

Curiosa materia prima que permite obrar milagros y abrir abismos. Con edificios siniestros de sombras desfiguradas construidos a punta de apilar dogmas y verdades absolutas. Con casas oscuras, sin puertas ni ventanas, hechas con las mentiras de los viejos caudillos y las promesas falsas de los nuevos profetas. Con edificios de cimientos frágiles levantados con los delirios de grandeza del poder. Fosas oscuras cavadas con las diatribas del racismo, la xenofobia y la segregación. Estanques cenagosos donde se acumulan los silencios de quienes vendieron su conciencia al miserable precio de la corrupción.

Pero también se poblaba de barrios luminosos. Hospitales de colores levantados con la risa de los niños. Nostálgicas tabernas, levantadas con los versos de los poetas, donde se bebía el vino más rojo y el humo del cigarro sabía a canela y manzana. Casas grandes de habitaciones de cristal, levantadas con las voces de los no tienen miedo a la verdad. Puentes, sólidos e innumerables, que comunicaban los ideales de las verdaderas revoluciones y permiten el encuentro de la voces del obrero, el estudiante y el campesino. Con lagos cristalinos creados por la palabra libre del periodismo vertical. Torres prodigiosas levantadas con los pensamientos que se expresan en las aulas de la academia. Y templos, macizos y recios, construidos con la razón y la verdad incuestionable de la ciencia objetiva.

Ciudad, en fin, construida sobre una certeza fundamental: los pueblos están hechos de sus palabras y son su memoria. Esas palabras que pueden ser poema o injuria; oración o blasfemia; látigo o caricia. Esas palabras que quedan y quedarán, mucho después que nosotros nos hayamos ido…