Organizaciones criminales

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EDITORIAL|

La condición social del ser humano unida a su creatividad le permiten organizarse con el propósito de satisfacer con mayor eficiencia las múltiples necesidades que la vida y los avances tecnológicos requieren. Lo más frecuente es que los propósitos de estas organizaciones tengan fines positivos con sentido práctico como las instituciones educativas y de salud. No cabe olvidar que hay algunas en las que no están presentes los objetivos prácticos de los que forman parte; voluntariamente personas dedican su talento, tiempo y esfuerzo para ayudar a sectores sociales menos favorecidos. El bienestar económico individual pasa a segundo plano desplazado por el de sectores vulnerables de la sociedad.

Pero también esta capacidad organizativa puede proyectarse a fines dañinos, criminales. En el pasado, las bandas asaltantes de caminos demostraban perversión en esta capacidad humana. En nuestros días, las bandas organizadas han logrado enorme “éxito” como lo demuestra el narcotráfico cuyo por económico es monumental. Plata o plomo es la ley que las rige. Si la enorme oferta económica no funciona, le lenguaje de las armas de fuego es concluyente. En nuestro país los enfrentamientos a bala en los denominados “centros de integración social” por enfrentamientos entre bandas rivales testimonian que este poder y este lenguaje no tiene fronteras.

Pero hay también bandas “limpias” que, sin recurrir a la violencia física, logran con “eficiencia” sus propósitos, como lo demuestran los sobreprecios en la venta de insumos médicos a los centros de salud. No se trata de coimadores aislados, hay una eficaz organización, que incluye funcionarios públicos. Aparentemente cumplen con las leyes al ganar los concursos de precios, pero todo está orquestado por una mafia en la que participan varias compañías que, con “equidad” se dividen las ganancias con los “perdedores. Siempre ha habido corrupción en las instituciones públicas, pero la de los últimos tiempos, tiene medalla de oro.