Animarse a leer

Nancy Negrete Martínez

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OPINIÓN|

 En estas vacaciones, la lectura debe adentrarse en los espacios de convivencia cotidiana. Lo primero a considerar es que cada individuo tiene sus intereses, planificación, ritmo y demás características propias del proceso lector; por lo tanto, para recuperar a esos lectores constructores de nuevas realidades es importante conocer sus gustos y lecturas afines. A esto se suman factores internos como: la concepción individual, procesos metacognitivos, disposición, estado de ánimo; a nivel externo, en cambio, el uso de estrategias en las prácticas lectoras, conocimiento literario y el contexto en el que se dan dichas prácticas.

Los gustos en obras literarias y las preferencias son tan diversas que cada uno debe identificarse con esa habilidad propia, con esa manera única de leer y que se descubre gracias a esos comportamientos aleatorios que se consolidan durante el proceso; es decir, el éxito está en aprender de las dificultades lectoras para potenciarlas a su favor.

Las estrategias deben ser tan certeras que permitan encontrar el significado a la lectura, dar sentido a la realidad, apropiarse del aprendizaje, del contexto y de la experiencia de los textos literarios, lo que llevará a la potenciación de las habilidades y estimulación de un pensamiento crítico.

La lectura comprende un proceso de pensamiento superior que requiere una serie de habilidades cognitivas que se perfecciona con la práctica; de ahí que, una lectura mecánica no es suficiente, se requieren técnicas y estímulos para su perfeccionamiento. Lo importante es dar el primer paso, con lecturas sencillas y de su agrado; luego, insertarse en lecturas más complejas y de mayor extensión, que lleve a la reflexión y, por qué no, como un medio transformador de paradigmas que permita potenciar la imaginación y repensar las concepciones a favor del cambio. (O)