Réquiem por un árbol

Tito Astudillo y A.

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OPINIÓN|

Hoy los pájaros amanecieron en el jardín de mi casa, la mata de higos que les alimentó cuatro meses, ya no tiene frutos y casi ha perdido las hojas, sus ramas desnudas, cuál antenas del tiempo, anuncian el otoño; hoy los pájaros clarearon en el árbol de durazno de mi jardín que está frondoso, hasta ayer dormían en el gigante Álamo que se erguía majestuoso en el parque dando, sombra y frescura, cobijo y seguridad a niños y aves que jugaban o habitaban la generosidad de su esencia.

El prado amaneció glacial de desamparo, soledad y miedo; arrayanes y vainillos, guaylos y cepillos rojos, manzanitas y cucardas; agapantos y geranios caídas sus guías, desgarradas sus ramas, trémulas sus hojas y deslustradas sus flores. Aún les debe durar el espanto de la tortura al Álamo, sometido al acoso incesante de motosierras, escaleras, cabos y hombres duros. ¡Sí señor¡, las plantas también sienten. Ya no está más, esa escultura verde que llenaba de señorío, alegría y vida nuestro parque; esa pantalla de verdor a veces matizada de otoño, gotas de luz y colores alados; ese santuario claro-oscuro de hojas, ramas y aves, de musgo, helecho y nidos. Alguien decidió amputar sus ramas hasta reducirlo a una mínima fría escultura vegetal. Los pájaros se quedaron sin su hogar y migrarán. Añoraré su alboroto, sus acrobáticos cortejos, sus trinos, vuelos y colores; los niños sin su generosa sombra y nosotros sin su plural compañía de ejido, bruma y amparo.

Mientras vivíamos la pandemia con semáforo rojo, la naturaleza estaba libre de nuestra voracidad y, vimos verdear el césped pincelado de flores y abundar de mirlos, chugos, horneros, gorriones y picaflores los árboles; debajo, palomas, tórtolas y niños jugando a la sombra del generoso Álamo. Abruma la falta de sensibilidad, no digamos de responsabilidad con la naturaleza, que eso, es parte de una Cultura Ambiental, que queremos comprender, rescatar o construir. (O)