Imprentas crean nuevos productos para reactivarse

Dueños de talleres se ingenian modos para no cerrar sus puertas y redujeron jornada laboral a fin de no despedir personal

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Jaime Barros, en un taller dentro de su hogar, empezó a producir jarros sublimados. XCA

Con sus propios recursos, dueños de imprentas narran como han dado un giro a sus negocios


Aunque varios negocios han sentido el impacto de la crisis covid-19, existen otros que, a manera de emprendimiento, han surgido en el mercado local, fundamentalmente comida.

Esto lo sabe Santiago Castillo, presidente de la Asociación Interprofesional de Artesanos Gráficos del Azuay, gremio que acoge a 48 socios, dueños de imprentas, talleres y similares.

Él durante esta crisis ha tenido como nuevos clientes a dueños de emprendimientos de comida que le han contratado para hacer etiquetas, envases, letreros y más.

También se ha orientado por las gigantografías para letreros.  Estos nuevos productos lo han ido “salvando”, dice, porque la situación económica estaba complicada.

Tiene el reporte de que sus colegas no han cerrado las imprentas, pero en varios casos han reducido personal y, en muchos, han disminuido la jornada laboral para evitar despidos; en su caso no mandó a sus dos operarios, pero sí les adecuó la jornada laboral y, por lo tanto, sus salarios.

Era urgente hacer esto porque en su negocio, y en otros casos, el rubro de publicidad ha bajado bastante y también la facturación.

El segmento facturación se redujo considerablemente, según él, no solo por la facturación electrónica, sino porque aún muchos negocios están un poco rezagados, sin ventas, entonces no requieren facturas.

Actualmente varios artesanos gráficos alegan que la facturación electrónica les ha restado trabajo a ellos

Para la producción de los nuevos artículos que hace Castillo comenta que tuvo que usar el mismo dinero de los últimos trabajos, es decir, no pudo inyectar una nueva inversión.

“Ahorita en estas crisis fue complicado querer invertir.  Hubo esos créditos que anunció el gobierno por intermedio de un banco estatal, pero es súper complicado acceder, que yo tenga conocimiento ningún compañero artesano ha accedido a esos préstamos, pero sí lo han intentado”, revela.

Para Jaime Barros, dueño de una imprenta, esta pandemia fue un duro golpe.  Pero él no se rindió, como tampoco lo hizo hace 16 años cuando salió de una empresa privada y enfrentó el reto de montar su propio negocio.

En su casa montó un pequeño taller para imprimir facturas, con autorización del SRI y puso capital para arrendar una oficina cerca del edificio tributario para captar más clientes.

Le estaba yendo bien, hasta que ocurrió la emergencia sanitaria que lo obligó a cerrar sus puertas un par de meses.  Pero con su esposa e hijos no se quedaron de brazos cruzados, dieron un giro al negocio y abrieron una “imprenta online sucursal”, aunque las ventas no fueron como antes, pero les ayudó a mantenerse a flote.

Les ha ido bien, hoy que nuevamente abrieron la tienda física también atienden pedidos online.  Y no conforme con esto, Barros aumentó otras líneas a su portafolio hace jarros sublimados adornos personalizados y más artículos para cumpleaños.  (I)


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