Mi  encuentro con Pilar

Eduardo González Zanetti

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Quiero contarles una historia corta relacionada con el viaje que está llena de situaciones curiosas. Yo me fui un viernes por la tarde; el día anterior, jueves, por la tarde me llaman por teléfono y me dicen:

_Eduardo es “fulana de tal” (no recuerdo el nombre), me enteré de que vas a viajar a la india y quiero enviarle una carta a mi hermano que se encuentra allá en el Ashram  de Sai Baba.

Luego llamé a Daniel Ortega y le dije:

_ Mira, me  voy, no me fui con ustedes, pero me voy; me voy solo, pero me voy.

El ya sabía que me iba: alguien le preguntó y él le dijo que yo me iba de viaje; esa persona vino a mi casa a traerme la carta para su hermano.

_ Pregunta allí y entrégale la carta.

_ ¿Cómo lo voy a encontrar?

_ No te preocupes, los venezolanos que están allá se conocen; tú pregúntale a cualquiera y verás que ellos te dicen.

_ Está bien.

Me despido y cuando está saliendo la señora se voltea y dice:

_ Por cierto, me enteré de que en el avión en que tú viajas va también una señora venezolana . De repente la puedes contactar; no le pudimos decir que tú te ibas porque me enteré recientemente, pero tú si sabes que ella va. Si la encuentras, ella se llama Pilar.

_ ¡Ah! Bien, perfecto.

Agarro mi avión el viernes a las once en Maiquetía rumbo a Londres, hacemos escala, y de nuevo me embarco para ir a Bombay, nueva escala para continuar a Bangalore. Desde aquí debía tomar un taxi que, en viaje de unas siete horas, me llevaría hasta donde se encuentra Sai Baba. Antes de embarcar en Maiquetía me pregunto: En medio de este gentío como voy a saber quien es Pilar. Al llegar al aeropuerto de Londres comencé a mirar a ver si se encontraba alguien con características venezolanas que pudiera ser Pilar, pero no, no logré identificar a nadie.

En el aeropuerto de Bombay, luego de los trámites de inmigración me dirijo al mostrador de Air India y observo una muchedumbre impresionante; pregunto qué ocurre y me indican que todas las líneas aéreas, con excepción de Air India, se encuentran en huelga. Por supuesto, todos los pasajeros afectados se dirigieron hacia Air India para tratar de obtener un pasaje por esta aerolínea. Yo me recuesto de una columna para pensar en qué hacer, en como pasar entre ese gentío para llegar hasta el mostrador de despacho. Estoy allí parado y veo que por un pasillo viene caminando una señora arrastrando dos maletas grandes y me digo: Esa señora ¡tiene que ser venezolana!…; la miro cuando viene acercándose y me le acerco. Le digo:

_ ¿Tú eres venezolana, verdad?

Se sorprende:

_ Sí, ¿usted como lo sabe?

_ Porque sólo a una venezolana se le ocurre salir arrastrando ese par de maletas para ir a la India.

_ Es que traigo regalos para mi hija que vive en Londres y a otros amigos.

_ Está bien, no me eches el cuento; es que tú eres tipo mayamera en viaje a la India y, además,…tú te llamas Pilar.

 _ ¡Y tú cómo sabes eso!

_ Bueno, es que aquí en la India lo que hay son puros magos y puros santos; así que adiviné hasta tu nombre.

Entonces me dice:

_ Mira, por cierto, este es el ticket de mi vuelo, pero me dicen que la aerolínea no tiene vuelo.

_ Eso ya yo lo sé. ¿Tú ves ese mostrador que está allí? Ese es el de Air India que si tiene salida y yo tengo boleto para esa aerolínea, pero no sé que puedo hacer para acercarme.

Ella mira atentamente y me dice:

_ Tú me cuidas las maletas un momentito?

_ Sí, como no.

_ Entonces dame acá tu ticket.

Agarró mi ticket y el suyo que era de otra aerolínea y comenzó a meterse entre la gente,…, empujando; la perdí de vista tapada por tres  o cuatro filas de persona. Pasaron como quince minutos o más durante los cuales yo pensaba: Bueno, espero a que por lo menos esté viva. De repente veo que sale de entre ese mar de gente, haciéndome señas con unos papelitos en la mano: los dos últimos boarding pass.

_ Vámonos, faltan como diez minutos para abordar el avión.

De repente, Pilar comienza a llorar.

_ ¿Qué pasa Pilar, por qué lloras?

_Es que estoy muy feliz porque voy a ver a mi maestro hindú. Estoy tan emocionada que en donde quiera que me encuentro comienzo a llorar.

Esta reacción la vine entendiendo después cuando yo mismo, sin darme cuenta, comenzaba a llorar sin una razón aparente; así pude entender a Pilar. Hasta este momento no pude entender el porque Pilar andaba llorando por esa visita.

El vuelo nos llevó a Bangalore donde ocurrió una situación interesantísima y comiquísima que me tocó vivir con Pilar. Al salir del aeropuerto Pilar me dice: _ Por qué no tomamos un taxi y nos vamos de una vez a donde Sai Baba.

_ Pilar, la verdad es que yo, después de tantas horas de vuelo, lo que deseo es descansar.

_ Pero Eduardo, el maestro está allá.

_ Vamos a hacer algo, vete tú, yo no tengo esa inquietud tan grande. Ve tú  por delante y yo me quedo a descansar. Yo acostumbro a descansar y relajarme, de esa manera disfruto más el viaje. No quiero hacer en este momento cerca de siete horas de viaje para que al llegar allá tenga que pasar el tiempo descansando para recuperarme del cansancio.

_ No, por favor…

_Mira, olvídate, si tú quieres continúa, yo estoy decidido a quedarme a descansar en Bangalore.

_Bueno, yo me quedo, me dice Pilar, pero eso sí, nos vamos mañana a primera hora……

_Está bien, me parece justo, es una promesa; saldremos a las cuatro o cinco de la mañana, pero yo ahorita tengo que llegar, darme un baño, descansar y mañana será otro día, ya tendré mis pilas otra vez bien recargadas y arrancaremos.

_ Bien, perfecto.

Tomamos un taxi entre los dos para ir a buscar hotel. Yo tenía una lista de hoteles en Bangalore que me habían entregado mis amigos del centro Sai Baba en Sabana Grande, recomendados como hoteles cómodos, de precios medios y decentes como para pasar esa primera noche. Le pedimos al taxista que nos llevara al primero de esa lista; tardamos unos quince minutos en llegar, me bajo y me dirijo a la recepción:

_ Necesitamos un cuarto para dos personas.

El tipo me mira y me responde:

_ No room tonight.

_ Bueno, mire, vengo de Suramérica, fíjese bien a ver si hay algo.

_ No room tonight.

_ Bueno.

 Regreso al carro, miro la lista y le digo al taxista:

_ Mire señor, vamos a este otro hotel.

Llegamos al segundo hotel, voy a la recepción:

_ Buenas noches, y tal, queremos una habitación para dos personas o dos habitaciones; somos dos personas que venimos de Suramérica.

_ No room tonight (Los hindúes prácticamente no hablan, salvo lo estrictamente necesario).

Me regreso al taxi y vamos al tercer hotel donde se repite la misma historia:

_ Queremos habitación por una noche.

_ No room tonight.

Regreso al auto:

_ Pilar no hay cuarto tampoco aquí.

Me dice ella:

_ Regrésate al primer hotel.

_ Pero si ya me dijeron que no hay cuarto.

Pilar insiste:

_ Regrésate al primer hotel.

Le digo al chofer:

_ Por favor regresemos al primer hotel.

Pienso: si ya consiguió la magia de los tickets aéreos veamos si la magia le resulta con el hotel. Llegamos de nuevo al primer hotel y me dice:

_ Déjame hablar a mí.

_ ¿Tú hablas inglés?

  – Más o menos, ahí me defiendo.

  _ Bueno, adelante.

Ella se baja y yo me quedo atrás a la expectativa.  Se acerca al de la recepción que era el mismo que me había atendido a mí. Veo que ella habla, gesticula y dice cosas allí. Al cabo de un rato me hace una seña de aprobación y dice

_ ¡Listo!

_  Oye, pero qué maravilla.

Me acerco y el dependiente me dice que sí hay una habitación y que son no sé cuantas rupias. Total, pagamos y dice:

_ Hay un solo cuarto.

Me dice Pilar:

_ Mira, pero hay un solo cuarto.

Le respondo:

_ Bueno, te vas a quejar; no te preocupes que yo estoy tan cansado que llego me pego una ducha y me acuesto a dormir; así que, m´ija, no te preocupes por eso.

_ Bueno,…está bien.

El botones nos lleva las maletas subiendo por unas escaleritas hasta el primer piso; ya eran como las siete de la noche. El tipo abre la puerta de la habitación y nos pide que pasemos y al entrar vemos que sólo hay una cama matrimonial. Pilar me mira y dice:

_ Vale, ¡es una sóla cama!

_ Bueno, te repito lo que dije antes: a mí no me importa si es una o media cama; yo lo que vine fue a dormir así que yo ni voy a mirar. Yo me cambio, me acuesto y tú has lo que a ti te dé la gana que yo ni me voy a enterar de que estás aquí.

El de las maletas se va; ella camina hasta la ventana del cuarto, mira por ella y dice:

_ Suami, este es mi primer viaje a la India a conocerte; después de muchas horas de viaje lo primero que haces es ponerme a dormir en la misma cama con un desconocido. ¡Qué mensaje es ese para mí!

Yo le digo:

_ Tú sabes cual es el mensaje, Pilar: que estamos cansadísimos y nos tenemos que acostar a dormir, a descansar.

Pero también teníamos hambre porque durante el viaje no habíamos comido casi nada. Acordamos cambiarnos e irnos a comer algo.

_ ¡Ah!, bueno, está bien y…tal; báñate tú primero.

_ Bien, me bañaré primero.

Me desvestí, me bañé, luego lo hizo Pilar y nos fuimos a comer. Era el primer día y como me habían hablado tanto de la comida en la India, estaba un poco nervioso por lo que iba a comer. Recuerdo que me comí un helado con una ensalada de frutas; esa fue mi cena, y Pilar se comió algo que no recuerdo qué era. Eran como las ocho y media cuando regresamos al hotel y le digo:

_ Mira Pilar, lo único que me vas a disculpar es que no tengo pijamas, estoy viajando con este morralito y si encima de lo que traigo meto una pijama se revienta; además, yo no uso pijamas, así que yo me cambio, tú miras para donde quieras porque, te advierto, voy a dormir en interiores.

_ Está bien, no te preocupes.

Me cambio en el baño y le digo:

_ Voy a salir en interiores, voltea para otro lado.

Salgo del baño, me acuesto, me arropo, apago la luz de la mesa de noche y le digo:

_ Ya estoy listo, así que el resto del cuarto es todo tuyo; vístete, has lo que quieras que yo me dedicaré a dormir.

Siento que ella va al baño, hace todo lo que va a hacer y se acuesta. Empieza a pasar el tiempo y a mí no me da sueño; comienzo a dar vueltas en mi pedacito de cama. No quería moverme mucho para no molestar a Pilar. Cero sueño. Supongo que el cambio de avión y el agite, en lugar de darme me quitó el sueño, pero por completo; estaba como lo estoy en este momento.

_ No lo podía creer¡

Y me movía un poquito para un lado y para el otro. Así pasaría como hora y media, tratando de dormir. De repente me dice ella:

_ ¿Estás dormido?

_ No, no tengo sueño.

_ Ah, yo tampoco.

­_ Voy a hacer una cosa, voy a meditar un ratico para ver si eso me da sueño.

En ese tiempo yo meditaba sobre cojines, así que coloco un cojín en el piso, me siento, medito un rato alrededor de veinte minutos, me vuelvo a acostar, me arropo y ¡como si nada!, seguía con las pilas a millón. Me digo: ¡Coye!, qué voy a hacer.   Me pasaron por la mente muchas cosas que no voy a contar, hasta que al fin ella me dice:

_ Por qué no nos vamos a Sai Baba de una vez.

­_ Oye Pilar, vamos a tratar de dormir un poquito.

Como a los quince minutos soy yo el que le dice:

_  Pilar, te voy a complacer: Vámonos para donde Sai Baba, ¡Ahora mismo!

Llamo a recepción y le pido que me consigan un taxi para ir a Puttapharti donde se encuentra Sai Baba. Recogimos nuestras cosas. Ella, por supuesto, estaba feliz; nos montamos en nuestro taxi y rodamos como unas siete horas. Recuerdo que yo entré al centro de Sai Baba a las nueve y media de la mañana del día lunes. Hicimos el camino totalmente en silencio; ella lloró varias veces durante el recorrido y a mí no me dio sueño; iba adormilado, pero despierto y comencé a sentir una sensación de mucha relajación, es decir, no estaba dormido, pero me sentía relajado. Cuando llegué allá, entrando por una puerta que lucía como la principal, sentí “algo” dentro de mí…algo…que…no sé…una sensación de que todo este viaje,…., por lo que estoy sintiendo ahorita…ha valido la pena.

Esa fue mi primera sensación; me decía: el aire que respiro, el olor de las cosas,…, no sé…, la energía del lugar, la actitud de la gente, …, las plantas, los árboles, las bicicletas taxi que era lo único que circulaba por allí, todo ello me hizo sentir que había llegado a donde tenía que ir. De esa manera comenzó mi estadía de un mes.

 

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