La biblioteca de la Universidad de Cuenca como evidencia del desarrollo de la ciudad

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En el Centro de Documentación hay más de 70 000 libros de cientos de temáticas. XCA

Cuando Juan Bautista Vázquez solicitó al obispo de Riobamba, José Ignacio Ordóñez, que comprase los primeros libros para la primera biblioteca pública del Azuay, habían transcurrido 59 años de la declaratoria de la independencia de Cuenca.

Hasta ese entonces, la ciudad que estaba levantándose ya tenía bibliotecas, sin embargo eran privadas y pertenecían a las órdenes religiosas. Pero con la fundación de la Universidad de Cuenca, que empezó su historia llamándose Corporación Universitaria del Azuay, hubo la necesidad imperiosa de contar con libros para la educación.

En un primer momento, en 1879, José Ignacio Ordóñez viajaría a París. De ello aprovecharía Juan Bautista, quien le encomendó que comprase obras sobre derecho eclesiástico. Si bien los textos pertenecerían al idioma francés, la adquisición era necesaria.

“Cuando se compran los libros, estos fueron trasladados de Guayaquil a Naranjal en un barco de vapor llamado Azuay, pero en su regreso, el barco naufragó y en un principio los libros se perdieron”, dijo Macarena Montes Sánchez, investigadora y docente de la Universidad de Cuenca.

Macarena tiene una relación estrecha con la biblioteca de la Universidad de Cuenca ꟷhoy llamada Centro de Documentación Regional Juan Bautista Vázquezꟷ debido a que ella revisó los archivos que se albergan allí para escribir un libro que dé cuenta de la importancia de los documentos y libros que tiene la institución superior.

“Pero ante la insistencia e insistencia de Juan Bautista se logró recuperar algunos de los cajones de los libros que llegarían a Cuenca a lomo de mula. Los libros tienen signo de deterioro, pero algunos reposan en el Centro de Documentación”, agregó Macarena.

Limitaciones

Aunque la biblioteca pública tendría mucho que ver en el desarrollo de los primeros profesionales de Cuenca, al principio hubo limitaciones. Con la declaración de la independencia en Ecuador, si bien se dejó de estar bajo el paraguas monárquico español, la religión católica siempre estuvo presente.

Y no habría excepciones con los libros y con los sitios que los albergaban. En aquel entonces estaba constituida la Sagrada Congregación del Índice Prohibido, la cual limitaba el acceso a ciertas obras. Por ejemplo, uno de los libros que estuvo en la lista de las prohibiciones fue los «Siete tratados» de Juan Montalvo.

Aun así, la biblioteca fue parte del crecimiento de Cuenca. De hecho, el sitio ya se vería como un espacio de iluminación. Macarena Montes Sánchez rescató la frase que pronunció Luis Cordero en la inauguración de la biblioteca en 1882: «No más tinieblas».

Obra

No más tinieblas se llamará el libro de Montes Sánchez. Por la pandemia se retrasó el lanzamiento de la obra que narrará, a través de microhistorias, los archivos que tiene el Centro de Documentación Juan Bautista Vázquez.

La autora ha repensado la importancia del contenido de la biblioteca para relucirlo entre la gente de Cuenca, ya que los documentos y su valor invaluable estaba siendo apreciado por unos pocos, que por lo general están relacionados con los estudios de historia.

Con el libro se espera entregar una compilación de los textos que fueron marcando el desarrollo de la ciudad que tenía un poco más de medio siglo de independencia. (AWM)-(I)