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Eduardo Sánchez Sánchez

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OPINIÓN|

Los hechos recientes alimentan los noticiarios que los ciudadanos esperamos día a día por radio, televisión, redes sociales, etc. Vivir de espaldas a la verdad de la prensa seria es desentenderse de la realidad. En fin de cuentas somos ciudadanos y hoy globalizados, de suerte que la información llega con la celeridad del internet. Siempre vale recordar que cuando en Cuenca eran contados los  radios de tubos que se exhibían en determinados restaurantes o los tenían en contadas casas, estos aparatos mágicos eran portadores de noticias de la II Guerra mundial, o eventos extraordinarios que tenían lugar en Europa o Norte América. La Radio difundió la música y promovió a los artistas, las novelas, gestión cultural, obra pública, reclamos a gobiernos  por actos de injusticia con respecto a la fisiología azuaya o cuencana. La radio ha sido la compañera de miles de seres humanos en la ciudad y en el campo, en el hogar o en trabajo, en el vehículo o el mercado, en el día o en la noche, y antaño fue la onda corta, la protagónica en atraer la atención de los “radio escuchas” con noticias desde el congreso nacional, el fútbol y el baloncesto, concentraciones, competencias automovilísticas, etc.

Hoy, usualmente las noticias son verdaderos flagelos que muestran la descomposición de la sociedad, crimen y narcotráfico,  con impunidad para quienes se roban el País, y más tarde huyen con grillete o renuncian irrevocablemente, como un favor a sus representados. Porque existe permisividad y cuentan con carné de capacidades especiales. Somos testigos de una verdadera pandemia que nos golpea “TODOS LOS DIAS”, con sabor apocalíptico y gestora de una verdadera fobia en muchos ciudadanos, hacia los causantes de la tragedia nacional, hoy agravada por el COVID -19 y sus infortunadas secuelas.  (O)