Miserables

786

EDITORIAL|

Cómo miserables acaba de calificar el presidente Lenín Moreno a aquellos que falsificando documentos y contando con la complicidad de autoridades, profesionales y burócratas lograron en estos últimos años un carnet de discapacitados, sin tener esa calidad. La corrupción no tiene límites. Los pillos de toda calaña y entre ellos algunos políticos y sus familiares, consiguieron un carnet de discapacitado para con él importar vehículos de lujo y beneficiarse de una serie de prerrogativas que las leyes contemplan para quienes tienen discapacidades en un grado determinado.

Lo trágico es que mientras gente cercana al poder político alcanzó esos certificados fácil y fraudulentamente, numerosos discapacitados deben pasar toda una odisea para que se les reconozca sus derechos. La trama de corrupción de la última década y media no tiene límites. El grupo de los que saquearon los fondos de los hospitales, hicieron alarde de miseria, consiguiendo además carnets de discapacitados para importar vehículos de lujo, sin pagar impuestos. Mientras a los verdaderos afectados por discapacitados se regateas sus derechos a estos pillos se les permitió hacer todo.

Hay que esperar que se cumpla el ofrecimiento del mandatario de investigar todos los casos y revisar la forma en que se concedieron estos certificados. Las sanciones deben darse en forma ejemplar para quienes posibilitaron esos hechos. Pero también para quienes sin tener discapacidades alcanzaron beneficios. Hay que reformar las normas. Una deficiencia auditiva por ejemplo no puede otorgar el derecho a importar carros de lujo sin impuestos. Un buen escarmiento sería que se publique la lista de quienes alcanzaron fraudulentamente esos beneficios en los últimos quince años. Sería una obra de sanidad moral para exponer de cuerpo entero a gente cercana al poder político que logró beneficios sin tener derecho, mientras se regateaba a los verdaderos discapacitados.