Síndrome

Aurelio Maldonado Aguilar

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OPINIÓN|

Es clamoroso, increíble, insoportable como han robado organizadamente en el IESS y sus hospitales, mafias poderosas que incluso tienen fuerza para pactar políticamente con el gobierno, que entiendo, pues todo apunta a ello, lo permite. Mientras el IESS, clave en justicia y solidaridad social boquea al borde de quebrar y desamparar gente que gastó su vida en labor honesta esperando jubilarse para terminar en forma digna y decente, la robolución metió mano en su patrimonio y extinguió deudas enormes en beneficio de grupos poderosos y no pagó rubro que constitucionalmente tenía que hacerlo para sostenimiento del sistema de prestaciones y fortaleza de la única institución rica del país con fondos propios y seguros producto del trabajo de la sociedad. En medicina tenemos muchos síndromes característicos y uno conocido es el de Down o mongolismo de facie asiática, enorme lengua y retardo. En nuestra enferma política sufrimos uno llamado “choromashi” caracterizado por autocracia, rubor verdoso, lengua inquieta que difunde consignas bien planificadas, demagogia de alto impacto, facies de menso cuando son descubiertos en alguna de sus innúmeras rapacerías, amnesia inmediata donde “yo no fui, fue Tete” “nunca lo vi ni lo conozco” es su jerga a pesar de vérselos tomados de la mano, abrazados, jubilosos en fotos y reuniones, un ansia desesperada de hacer dinero e irrefrenable necesidad de salir del país el rato justo, abrir cuentas off short y conformar redes corruptas para lograr silencio e impunidad. Luego siempre lanzan frase grandilocuente “no permitiré que mancillen mi nombre” o “viva la patria” Síndrome característico visto en el ex jefe del IESS nuestro chiquitín del tranvía, que según el pueblo es como leche hirviendo y hay que tenerle cuidado, pues visita en su lujoso departamento al delincuente de moda Salcedo -cosa comprobada en bitácoras del edificio- que se hacía rico y repartía millones con sus contratos en el IESS especialmente en el Maldonado Carbo, su casa propia y departe buen tiempo en medio de dulces bebidas para ahora con cara de “que cucharas” dice no conocerle y pierde toda memoria al igual que Mieles que no vive la realidad y no sabía dónde volaba y el loco de Bucaram “padrino” de la red y su familia, amnésico él y su aprendiz de gánster Dalito, que casualmente vive meses en mansión de Salcedo y no saben nada de contubernios ni medicamentos atiborrados en su lujosa casa. (O)