Inti Raymi en la privacidad  

Los eventos fueron limitados y se transmitieron por las redes sociales.

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En el Complejo Arqueológico Cojitambo se efectuó la décima cuarta edición del Festival del Maíz. Cortesía

Grupos muy reducidos de personas se ubicaron en el entorno de las chakanas (cruz andina) bajo estrictas medidas de bioseguridad, mientras otros desde la comodidad de sus hogares observaron por las redes sociales las ceremonias y rituales.

Esto, caracterizó la celebración del Inti Raymi o “Fiesta del Sol y la Cosecha”, que se desarrolló el fin de semana, en medio de la emergencia sanitaria del COVID-19 que afecta a más de 50.000 personas en Ecuador.

Las pocas organizaciones de las provincias de Azuay y Cañar que desarrollaron uno que otro evento, lo trasmitieron por Facebook y Twitter con el objetivo que el Inti Raymi no pase desapercibido en 2020 por las prohibiciones gubernamentales de eventos masivos para evitar los contagios de la enfermedad.

En Cañar

Los actos conmemorativos iniciaron el sábado, con la décima cuarta edición del Festival del Maíz en el Complejo Arqueológico Cojitambo, del cantón Azogues.

El evento organizado por la Junta Parroquial de Cojitambo y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), contó con la participación exclusiva de 30 personas, entre autoridades, taitas, mamas y uno que otro camarógrafo.

La ceremonia duró alrededor de una hora, donde también se efectuó una pequeña exposición de los granos de maíz y sus derivados que se producen en la parroquia, y en la provincia del Cañar.

De la misma manera, se efectuó un acto sencillo en la parroquia Taday, también del cantón Azogues, con la participación limitada de autoridades y dirigentes de las comunidades.

Aquí, no dejaron de honrar al Inti (Sol) y a la Pachamama (Madre Tierra) por la fertilidad de los campos.

La Unión Provincial de Comunas y Cooperativas Cañaris (UPCCC) también realizó el sábado una ceremonia simbólica en el cerro Narrío, del cantón Cañar, con la participación de sus dirigentes, pero sin danzas y grupos musicales como sí se lo hizo en 2019, con tres días de celebración masiva.

Sus dirigentes mediante un comunicado de prensa manifestaron que con la prolongación del Estado de Excepción por la crisis sanitaria y por la seguridad de las miles de personas que acostumbran a participar de la celebración andina, se optó por un acto simbólico.

Además, se prorrogó en funciones a Eugenia Loja como Ñusta (Princesa) del Inti Raymi. Esto, hasta que se pueda realizar una nueva elección.

Cabe recalcar, que en el Complejo Arqueológico Ingapirca (las ruinas más importantes del país) no se realizaron actividades masivas por decisión del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) que administra el sitio.

En Azuay

El Gobierno Provincial del Azuay a pesar de las restricciones en el país por la crisis sanitaria, ayer desarrolló una agenda importante por la festividad.

Las actividades iniciaron a las 04:00, con el baño ritual de purificación que se cumplió en la quebrada de Zhinin, de la parroquia Victoria del Portete, del cantón Cuenca.

A las 12:00, en la Casa de la Provincia se desarrolló la ceremonia principal a cargo de Gloria Vele, activista rural, acompañada de otras representantes de las comunidades y nacionalidades del país, y con la presencia del prefecto Yaku Pérez.

La autoridad provincial indicó que se celebró un Inti Raymi “muy especial” que coincidió con el Día de los Padres y los 30 años del primer levantamiento indígena.

Manifestó que no se pudo hacer una invitación masiva a taitas, mamas y la ciudadanía en general por la situación del país, pero recalcó, que a través de las “energías, los pueblos indígenas están conectados”.

En la ceremonia que se cumplió por cerca de una hora y media, se resaltó la importancia de los cuatro elementos de la naturaleza (agua, aire, fuego y tierra), más aún en la época que se afronta por la emergencia.

El acto concluyó con la exhibición de parte de los videos de la convocatoria realizada por la institución relacionada al Inti Raymi, y una pampamesa con el debido distanciamiento entre los participantes.

El 2020 quedará grabado en la historia como el año en el que el COVID-19 limitó las actividades tradicionales del Inti Raymi, pero no los sentimientos de los pueblos andinos. (BPR)-(I)