28 de Mayo

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EDITORIAL|

La historia de cercanía en nuestro país –siglo pasado- tiene acontecimientos políticos que marcaron cambios trascendentales en nuestro proceso republicano como la revolución llamada “gloriosa” que ocurrió hace 76 años. Desde los inicios de la vida independiente, la democracia por la que optaron los triunfadores de la independencia funcionó de manera irregular ya que, con demasiada frecuencia, los gobiernos elegidos normalmente eran derrocados por intervención directa o indirecta de las fuerzas armadas, dando más peso a la “razón de la fuerza” que, a la fuerza de la razón, gestando una serie de dictaduras que son la negación del sistema democrático.

La década de los treinta fue la más inestable de la historia. Ejercieron el poder trece jefes de Estado con varias dictaduras. La iniciarse los cuarenta, Arroyo del Río del partido liberal buscó la reelección siendo su rival Velasco Ibarra. Ante la inminencia de fraude electoral arroyista, fue derrocado el 28 de mayo por un levantamiento popular en el que participaron todas las agrupaciones políticas de izquierda y derecha y fue aclamado presidente Velasco Ibarra que en el año 33 había ejercido el gobierno. Proyecto básico de su administración fue instaurar la libertad electoral eliminando el fraude, lo que lo logró como lo han demostrado los procesos electorales desde esa fecha.

Desde la gloriosa, la estabilidad ganó terreno y se han dado una secuencia de sucesiones presidenciales interrumpidas por dos dictaduras militares. El populismo basado en el culto a un líder se estableció con su mayor representante Velasco Ibarra que llegó cinco veces a la presidencia por vía electoral concluyendo sólo uno de sus períodos y habiéndose alternado en el poder mandatarios de diversos partidos. Ha transcurrido tiempo suficiente para valorar con más objetividad este hecho; sin hacer juicio de valor, la revolución de hace 76 años es fundamental para una comprensión del siglo XX ecuatoriano con sus altos y bajos.