Todos contra todos

José Chalco Salgado josechalcosalgado@gmail.com

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OPINIÓN|

Entre tácticas del paredón, fila india y el banquillo de acusados. Con la teoría del enemigo externo y el enemigo interno. Con la lógica de la conspiración, pero nada es mi culpa, todo es responsabilidad del otro. Definiendo -sin empacho- a buenos y malos transitorios.

La pandemia y confinamiento, ha mostrado mucho de las acciones inmediatas y sin reflexión, pausa o intento por comprensión. En todo lado. De distintas personas -impensadas- en una avalancha de fusiles, porque todo es culpa del otro, no hay espacio para encontrar mis propios derroteros.

Hace poco tiempo, cuando recién comenzaban los efectos de la pandemia, escribí que existía una urgencia de quitarse la mascarilla (algunos la dicen máscara) y cosechar así más sentido de humanidad y serenidad. Mucho es entendible, pero hay mucho que no. Por ejemplo, la gripe española de 1918 mostró que la salud mental se compromete en una pandemia. Hay una alteración del orden psicosocial capaz de detener la comprensión colectiva y de la realidad misma. Se presenta una hiper-subjetivación a todo. De hecho, la población sufre una mayor tensión, aumentan los trastornos psíquicos y se presentan reacciones que podríamos decir se hacen normales ante una situación anormal propia a la pandemia.

Ahora bien, el deterioro de la economía familiar y las expectativas inciertas, son parte de las dificultades. El tener a un compañero, amigo o familiar enfermo, es de todos los días y nos pasa a todos. Algunos con el privilegio de un techo, otros sin él. Pero todos vivimos con tensiones, necesidades, preocupaciones y caminos inciertos. No hay buenos y malos. Y es cierto, pues como tanto se repite: la pandemia no define edad, clase social o condición económica; es decir a todos afecta, pero entonces también sus efectos (económicos y sociales), a todos. No es de un grupo frente a otro. No es de unos contra otros. Hay que ser claros. Es una realidad compartida, aprendida y combatida. En distinta medida y grado.

Entonces, el todos contra todos, hay que frenar. Hacer conciencia y entender que todos tienen sus propias batallas. No un grupo. No solo una sección de víctimas. Las palabras, acciones y omisiones quedan, pero las mismas -en una lucha por conservar la humanidad- nos definen. (O)