El servicio exterior

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EDITORIAL|
El presidente de la República tomó una buena decisión al reducir considerablemente el servicio exterior suprimiendo delegaciones diplomáticas que no son ni lejanamente importantes para los intereses nacionales. Además de suprimir algunas embajadas o encargarlas a funcionarios de menor rango, dispuso el retorno al país de numerosos funcionarios, muchos de ellos sin experiencia ni formación pero que fueron a esos atractivos puestos por afinidades con el anterior gobierno, unos y, otros con el actual. Es una buena noticia -además-la reducción de la denominada cuota política en el servicio exterior, es decir nombramientos hechos no a diplomáticos de carrera, sino para amigos del régimen.
El servicio exterior creció desmesuradamente en burocracia durante estos dos últimos gobiernos. Ese crecimiento no significó mayores ni mejores relaciones en el contexto internacional, pues se establecieron delegaciones en país con los que no tenemos ningún interés común y con los cuales se pueden explorar buenas relaciones a través de gestiones y no de costosas delegaciones. Tampoco mejoró la calidad del servicio exterior sino por el contrario decayó sensiblemente. Desapareció la Academia Diplomática y con ello un instrumento de capacitación constante.
En vez de un servicio exterior profesional se apostó por una burocracia de amigos y parientes de las autoridades. La denominada cuota política creció desmesuradamente y sin rubor alguno se nombró a personas carentes de formación y experiencia. El amiguísimo se elevó a la categoría de mérito principal. Además del deterioro de la imagen del país, eso implicó nuevos e ingentes gastos para el erario nacional. Volver a profesionalizar el servicio diplomático, reducir la cuota política y suprimir delegaciones intrascendentes es un buen camino que ojalá no quede solamente en anuncios, como ha ocurrido en otras ocasiones.