Conociendo al Lama Ole

Eduardo González Zanetti

919

Transcurría Abril de 1.989.

Mi cuñado Gilberto y mi hermana, Valentina, formaban parte de un grupo Budista que se reunía en un apartamento en  Los Caobos. Siempre tuve sentimientos de rechazo e incluso de burla hacia ellos cuando el tema aparecía en nuestra conversación. La razón era obvia. Trece años de estudio en el Colegio San Ignacio, toda la primaria y el Bachillerato, en una época en la que la religión se nos inculcaba por obligación. Tienes que ir a misa, tienes que rezar el rosario, tienes que confesarte y comulgar, eres un pecador, eres indigno, etc, etc. Recuerdo que asistíamos a misa TODOS los días de la semana e incluso los Sábados ya que había clases de 7 y media a diez y media de la mañana, comenzando por supuesto con una misa y por si fuera poco, los Domingos debíamos asistir de traje azul marino a otra misa mas. No había forma de evadirlo, no había manera de quedarse un domingo en casa como todos los demás. Tantos años de rezar por obligación y asistir a ceremonias serias ,formales e inentendibles. No te puedes reir , tienes que cantar…( me parece escuchar al sacerdote de turno gritando :Vamos a cantar todos¡¡…)y nada de eso era espontáneo, era tremendamente ladilla….al menos para mí.

Nunca percibí a Dios ni a mi Alma en esos trece años. Mi primera comunión fue una verdadera  decepción. Me imaginaba que al comer el cuerpo de Cristo, algo especial  iba a ocurrir en mí. Iba a estremecerme, a ver la vida de otra forma, a llorar de emoción…pero nada de eso pasó. Los segundos y minutos siguientes no ofrecieron ningún cambio, ni los días  que siguieron, tampoco los años después de cientos de comuniones y rezos. Nadie me dijo nunca que no tenía que recibir a Dios por la boca porque El ya estaba dentro de mi..es mas…que El y yo éramos lo mismo en esencia y que no estábamos separados…todo lo que tenía que hacer era recuperar la conciencia de esa unión que se remonta a tiempos remotos desde que mi alma es alma y desde que Dios es Dios.

Todo esto  me hizo salir del Colegio con dos posiciones encontradas: la primera, el deseo de no asistir mas nunca a una misa, ni rezar un rosario.Ya había cubierto mi cupo para esta y otras vidas, en caso de que existan, pero por la otra con un mensaje grabado en piedra acerca del catolicismo como la única  religión válida  y único camino para llegar a Dios. Todos los demás eran considerados por mí como ateos o locos y que involucrarse en alguna de esas otras religiones era pecaminoso y  sacrílego. Eso no lo pude borrar sino 23 años después, gracias a haber encontrado al primero de muchos personajes mágicos que poco a poco irían apareciendo en mi vida, al Lama Ole, el Lama Ole Nydal.

Gilberto y Valentina estaban de visita en casa. Gilberto, después de saludarme me pregunta si puedo hacerle un favor. Me explica que en esos días estaba de visita en caracas  un Lama que iba a dirigir unas conferencias en el centro Budista donde ellos asistían y que le parecía interesante que el Lama subiera al Avila ya que era un individuo deportista y que se sentía atraído por la energía de nuestro hermoso cerro.Al principio respondí como un autómata, negándome a llevar a un personaje de una religión que estaba fuera del lo que era el sentido común católico, ni al Avila ni a ninguna parte. Sin embargo, él insistió ya que yo hablaba inglés e iba a fungir como un buen anfitrión además de que  subía con frecuencia a la montaña y tenía buenas condiciones. No sé que me hizo cambiar de opinión, pero terminé aceptando la propuesta y acordé asistir el Viernes en la noche al centro budista para coordinar la hora y lugar para el encuentro del Sábado en la mañana que era la fecha acordada para el pase con el Lama. Sólo al leer este libro, si lo llego a publicar algún día, Gilberto se enterará de cuán agradecida está mi alma, por ese encuentro inicial con otras formas de ver la vida, el alma, la muerte y el amor.

Esa noche al ingresar al lugar donde estaban reunidos, un apartamento en un viejo Edificio de Los Caobos, recibí mi primer impacto. Un ambiente lleno de incienso, la mayoría de los asistentes , unas quince personas, sentados en cojines en el piso con cara de drogados y embelezados ante lo que el lama hablaba desde una especie de pequeño altar improvisado donde habían flores y fotos de otros Lamas en batas amarillas y naranja, me hizo incomodarme un poco. Por instantes me sentí pecaminoso, así como entrando a un burdel. No me quedó otro camino que dirigirme al fondo del salón donde me quedé de pié esperando que terminara de hablar para concertar la cita del día siguiente. No tuve mas remedio, que escuchar lo que en palabras muy serenas y seguras el lama estaba expresando. De repente , caigo en cuenta, que lo que el decía me parecía interesante, tenía sentido, al menos mas sentido que otras versiones escuchadas previamente sobre la mente, las emociones, la muerte, etc.. Realmente, al finalizar la charla ya estaba comenzando a fascinarme lo que estaba escuchando, pero lo dejé pasar y simplemente me dirigí al Lama para planear nuestro encuentro de la mañana siguiente.

A eso de las siete de la mañana de ese Sábado busque a Ole, a su esposa Hanna , tan espiritualmente elevada y calificada como su esposo y a su traductor, Tomec, un personaje que parecía sacado de los cuentos de la edad media pero con un buen humor y una paz y una vivacidad que transmitían sus ojos, que era imposible no entenderse con él en el primer encuentro.

Ole Nydal es uno de los pocos por no decir el único Lama de origen occidental, es nacido en Dinamarca y su historia es tan fantástica que solo se iguala con su labor actual de recorrer el mundo llevando el mensaje del budismo  a todo el mundo, sin detenerse, sin descansar, con una energía y una vitalidad que hasta hoy no he observado en ningún otro ser humano. Ese Sábado, esa mañana de Abril de 1989, su compañía, sus palabras, su mirada, su forma de tratar a los que se le cruzaban en el camino, especialmente a los niños, me hicieron darme cuenta que la vida era algo mas de lo que yo hasta ese momento había imaginado. Una pequeña ventana de luz comenzó a abrirse en mí, una sensación de estar conectado a una fuerza que me era desconocida pero familiar al mismo tiempo. Esa mañana  no fue casual , esa mañana fue orquestada por un Director de otro nivel. Gilberto fue el instrumento que me llevó a subir  ese primer escalón de unos cuantos mas que todavía hoy intento alcanzar viviendo cada día en el agradecimiento al cielo por abrirme a otros caminos tan hermosos unos como otros, tan llenos de sorpresas y personajes , y aprender a ver en cada uno de ellos la oportunidad de una lección, así como lo fue aceptar, en contra de mis creencias, grabadas en piedra hacía unos cuantos años, llevar un día a nuestra mágica montaña a alguien que marcó en mi vida el inicio de la vida misma.

Bajamos al cabo de unas dos horas y luego de nuestras conversaciones, Ole me invitó a participar en el resto de las conferencias que aún faltaban ese Sábado y el Domingo. Me fue imposible decir que no después de esa mañana tan mágica.

Escuchaba interesado todas sus palabras, incluso sentado en un cojín, lo que me resultaba algo incómodo, pero lo interesante de los temas me hacía olvidar las molestias.

Así llegó el Domingo en la tarde, fin de las charlas y Ole nos ofrece a todos los asistentes darnos el Refugio ( o Bautismo Tibetano), como una manera de establecer el contacto con las diversas deidades y seres que están dispuestos a apoyarnos y protegernos en nuestro camino de crecimiento espiritual por la senda del Budismo. En un primer instante pensé si estaría cometiendo una especie de sacrilegio por recibir un bautizo tibetano cuando yo estaba bautizado católico. Confieso que un frío me recorrió el estómago mientras tomaba la decisión. Pero en  instantes concluí, que un personaje como ése que acababa de conocer y que sin duda me había marcado a través de su actitud y sus palabras no podía estarnos ofreciendo algo malo, algo que no fuera para mantenernos conectados a eso, a eso que en dos días había empezado a sentir, algo que no sabía definir pero que ya estaba sembrado en mí. Una semilla, que ese jardinero de la luz había plantado en mí, a mis 41 años, en una hermosa montaña, una mañana de Abril.

La ceremonia del Refugio fue sencilla pero había una fuerza en ella. Quizás la fuerza del Lama se transmitía a través del medallón que se coloca en la cabeza del bautizado mientras él dice algunos rezos en tibetano. Al final, en lugar de una medalla te colocan una pequeña cabuyita de pabilo, de color rojo, atada al cuello y que está supuesta mantenerse hasta que por el tiempo, el agua, el uso, se deteriora y te la quitas. Esa pequeña y modesta  tira de color rojo sería el puente con mi nuevo encuentro.

En los meses que siguieron a ese evento asistí esporádicamente a las reuniones que hacía el grupo de seguidores de Ole. Recuerdo unos cantos en tibetano con algunos espacios de silencio y el recitar de lo que mas adelante conocería como Mantras *, fueron mis primeros pasos en lo que mas adelante conocería y practicaría mas intensamente : la Meditación.

Mantra :          Man = mente  Tra = Instrumento    Instrumento  para aquietar la mente

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