Más allá del Covid-19

Eduardo Sánchez Sánchez

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El planeta entero se traumatizó con la pandemia gestada por un minúsculo virus el COVID-19, (acrónimo del Inglés coronavirus disease 2019), desenmascaró las flaquezas que cobijaban a la humanidad, y que son parte íntima de sus debilidades,  más que de sus fortalezas.  Sorprendió a los médicos y paramédicos, a los políticos, a los sociológicos, a los militares y policías, a los sacerdotes y pastores, a los banqueros y a los pordioseros, a todos los estamentos de una sociedad. Nos dimos cuenta en tardía manera de su agresividad al  humano poder.  Cae el grande y el pequeño,  los países gigantes y los tercermundistas, se cerraron fronteras y suprimieron vuelos, se instalaron cuarentenas y se suspendieron labores, nos ocasionó billonarias pérdidas en la economía global.  Se detuvo el cinetismo, se limpió el cielo, el agua de ríos y mares, el escándalo sónico de las urbes, bajó la polución del aire que respiramos y pese a esto último el mundo usó mascarilla para protegernos del microscópico enemigo.

Se perdieron plazas de trabajo, algunos Estados usaron dineros de las reservas cuando hay previsión y sentido de responsabilidad en quienes dirigen los países y conocen de Economía aunque no les asignen una colección de “honoris causa”.  En medio del remolino se buscó hacer negociado aprendido en la escuela del terremoto del 2016 y con certeza que primará una vez más la impunidad.

El planeta ha sido agredido por una actitud atrevida de quienes no consideran su finitud, alcanzamos una población de 7.625 millones de seres humanos, vestidos de una inequidad que espeluzna y modifica el futuro de la vida humana en la Tierra. A la Natura no le interesa la presencia del Homo sapiens, ningún otro ser vivo practica el ecocidio global, siguen normas de instinto y respetan las leyes impuestas por la Natura.