Admiración y desprecio

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El existencialismo, corriente filosófica que se intensificó en la segunda mitad del siglo XX, luego de la II guerra mundial, agudizó en sus pensadores una visión pesimista del ser humano por el gigantesco número de víctimas y atrocidades cometidas por algunos de sus protagonistas. Albert Camus, dentro de esta corriente fue menos radical y ha pasado a la historia su frase: “A pesar de todo, creo que en el ser humano hay más cosas dignas de admiración que de desprecio”. La historia de la humanidad muestra las realizaciones positivas y negativas de nuestra especie, sobre todo cuando debe hacer frente a la solución de diversos problemas en los que de alguna manera está en juego la vida.

Al margen de interpretaciones antojadizas sobre los motivos y propósitos, el mundo vive una pandemia ajena a la violencia de las personas. El coronavirus es un invisible y omnipresente enemigo que, para combatirlo con eficiencia, aún la medicina no ha encontrado medios adecuados. Su agresión es global Sin que estén de por medio niveles de desarrollo y riqueza de los países. Otras pestes, como el ébola, que se produjo hace pocos años, se concentró en países africanos y se tendió a entenderla como resultado del bajo nivel de desarrollo de esos Estados. En el coronavirus, países calificados como altamente desarrollados y con elevados niveles tecnológico son víctimas agudas.

Los daños que causan son evidentes, pero en situaciones como la que comentamos, surgen actitudes positivas de personas que, ante el dolor, renuncian a ambiciones personales y proyectan sus energías y recursos para aliviar la condición de quienes más lo requieren. La solidaridad es la cara positiva de los seres humanos, dudamos que se dé con la fuerza necesaria en tiempos normales que exaltan el egoísmo, pero en situaciones críticas aflora con mucha más fuerza justificando la frase de Albert Camus. Aunque se peque de excesivo optimismo, esperamos que esta virtud se mantenga con similar fuerza luego de que se supere la pandemia.