Crisis penitenciaria

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El fallecimiento de varios Privados de Libertad en el Centro de Rehabilitación de Turi, en esta ciudad, en circunstancias por aclararse, constituye una muestra fehaciente de que, a pesar de las denominadas emergencias carcelarias, estas continúan en manos de las bandas organizadas de quienes controlan desde el interior de las cárceles, prácticamente la vida diaria de aquellos recintos, y no solo eso, sino que desde allí los líderes de estas bandas, delincuentes de alta peligrosidad, sentenciados por narcotráfico, homicidios y otros delitos graves, planifican diversas acciones delictivas en el exterior de las penitenciarías.
Las extrañas muertes ocurridas en Turi recientemente no han merecido explicaciones pormenorizadas de parte de las autoridades de Rehabilitación Social, ni de la ministra del Interior, en última instancia la máxima autoridad del área. Es explicable en parte el hermetismo sobre el asunto, puesto que las investigaciones policiales y más pericias, seguramente estarán practicándose. Sin embargo, aquello no justifica que no exista suficiente reacción ante hechos tan graves como los ocurridos en Turi, y que de hecho fueron noticia internacional.
La crisis penitenciaria que viven diversos centros de reclusión, pero particularmente los principales y que alojan por lo tanto a convictos en diversos grados de peligrosidad, es una verdadera “bomba de tiempo”, tal como varios analistas del fenómeno lo han señalado desde hace tiempos, pero poco o nada se hace desde las instancias que tienen que ver con el manejo y control de estos mal llamados “centros de rehabilitación” ya que, lejos de cumplirse este objetivo, las penitenciarías de hecho son lugares donde campean las bandas sin que las autoridades de las cárceles puedan, quizá por miedo, o algo peor, controlar la serie de frecuentes hechos de violencia que se suscitan, tales como asesinatos de reclusos, genéricamente tildados de “ajustes de cuentas” entre bandas rivales por el control de los recintos, pero de allí no se pasa, mientras los delitos en las penitenciarías se agravan de modo preocupante.