Carnavales         

Eduardo Sánchez Sánchez

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Todos olvidan las penas y exhiben sonrisas, haciendo uso de variadas gastronomías, festejo situado en el borde de la cuaresma, llena de alegría, máscaras con disfraces, algarabía y desfiles callejeros. Está presente cierto grado de permisividad que en su génesis pagana y en honor del dios mitológico Baco y sus mieses, las saturnales y las lupercales romanas, o también vale citar las festividades egipcias en honor del toro Apis. Su origen se estima en más de 5 mil años atrás en Sumeria y Egipto, para más tarde trasladarse al Imperio romano y luego pasó a Europa para a través de los navegantes llegar a tierras americanas en el siglo XV. En América se ha desarrollada con características propias en cada lugar de este continente grande. Podría citarse a manera de ejemplos el más grande carnaval en Brasil con sus múltiples y famosos grupos de Samba, el carnaval de Tlaxcala en México, En Tenerife distingue el festival de Santa Cruz, las Palmas en la gran Canaria, en la Colonia alemana, en Oruro de Bolivia, el famoso carnaval de Venecia en Italia, o introduciéndonos en países americanos encontramos en Barranquilla de la alegre Colombia, y los más largos por sus 41 días de duración en Montevideo.

Con el mestizaje en América, se enriquecieron con las fiestas prehispánicas en las regiones andinas de Sudamérica y además del aporte afro con los habitantes llegados a tierras descubiertas por Colón. Los excesos estrambóticos y coloridos van acompañados de músicas creadas para acompañar a la desbordada alegría. No es posible establecer comparación entre un carnaval costeño y un alto andino. Coplas y cantos de alegría, cantan así: “Tres días de Carnaval pa´mi son una zoncera, yo quisiera estar bailando, toda la semana entera”; o: “a la voz del carnaval, todo el mundo se levanta” … (O)