Sinfónica de Cuenca junta a dos grandes compositores en el ciclo Beethoven-Salgado

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A Ludwig Van Beethoven y Luis Humberto Salgado los separan dos siglos de diferencia. El uno fue alemán, el otro ecuatoriano. Los dos fueron innovadores de sus épocas y crearon grandes obras musicales. El uno es el compositor más interpretado del mundo, el otro es el “Beethoven ecuatoriano”.

Así lo considera Michael Meissner, director de la Orquesta Sinfónica de Cuenca, un investigador y admirador de sus obras. Él tiene a su cargo la interpretación de las sinfonías que compusieron los dos músicos y que, casualmente, también fueron nueve. 

Esos paralelismos explican por qué la Orquesta Sinfónica de Cuenca decidió juntar sus obras en el ciclo Beethoven-Salgado, que se efectuará la primera mitad del año. También es un homenaje al músico europeo, de quien este año se celebran 250 años de su natalicio con una serie de actividades a nivel mundial. Serán nueve conciertos, uno para cada sinfonía, este viernes corresponde a la tercera. 

Las terceras sinfonías de Beethoven y Salgado tienen una particularidad: son dos grandes experimentos de sus autores en sus respectivas épocas y terminaron rompiendo los esquemas tradicionales en materia de composición.

A esta obra del compositor europeo se la conoce como “Heroica”. Aquí, Beethoven empieza rompiendo con la duración habitual de las sinfonías. Es la primera que tiene un tiempo tan extenso (mínimo 45 minutos). También introduce una marcha fúnebre en el segundo movimiento; algo que ningún otro compositor había hecho.

El tercer movimiento es “rapidísimo”, totalmente inusual para la época, explica el director de la Orquesta Sinfónica de Cuenca. “Con sus experimentos, Beethoven rompió muchos esquemas y para hacerlo tuvo que trabajar muchos años antes de plasmar los conceptos en la sinfonía. Pero quedó convencido de su obra”, añade. 

La tercera sinfonía de Salgado también es un experimento. En esta obra, el ecuatoriano retomó el estilo rococó, de los tiempos de Mozart, pero le puso su propio sello. La obra está escrita para una orquesta muy grande, inexistente en aquellos tiempos, incluyendo la sección de metales completos, varias percusiones, clavecín, arpa, celesta, campanas y timbres, lo que causa la sensación de un estilo exportado a otros tiempos.

Por eso, el director de la Orquesta Sinfónica de Cuenca asegura que “lo delicioso de esta sinfonía es cuando Salgado rompe la expectativa y transforma la música rococó en música del siglo XX, por la majestuosidad de la orquestación”.  

El estilo Salgado

Aunque en esta sinfonía el compositor cayambeño prescinde de fusionar elementos andinos con el modernismo, como lo hizo en otras obras, el sello de Salgado fue la combinación de elementos nacionales con las técnicas modernistas del siglo XX. De la música tradicional ecuatoriana extrajo motivos melódicos, ritmos y armonías para incorporarlas a su obra. 

No quiso quedar como un compositor regional, él quiso dar a conocer al mundo a Ecuador, a través de sus ritmos, y a la vez crear obras de gran valor mundial”, asevera Meissner. A pesar de eso, Salgado apenas pudo escuchar el cinco por ciento de sus composiciones y u vasto catálogo permanece casi desconocido hasta la fecha.

Luis Humberto Salgado nació en Cayambe, en 1903, y falleció en Quito en 1977. Es hijo del músico Francisco Salgado. Compuso cuatro óperas, una ópera-ballet, una opereta, cinco ballets, ocho conciertos, música de cámara, obras para piano, canciones y coros, aparte de muchas piezas de música popular ecuatoriana. Sus sinfonías están fechadas entre 1949 y 1975.

Los ideales de Beethoven

Con su música, Beethoven quería llegar a las masas y transmitir sus ideales, que eran los de la revolución francesa y la democracia.  “La gente escuchó su música en esos términos; hablaba de un mundo moderno, futurista, donde los viejos esquemas de obediencia ciega a la iglesia y a la aristocracia, se acaban”, sostiene Meissner.

En ese contexto, la tercera sinfonía de Beethoven tiene una historia particular: se la dedicó inicialmente a Napoleón Bonaparte, pero cuando este se declaró emperador, el músico sintió una traición a los ideales de la revolución y, enfurecido, tachó el nombre de la dedicatoria, dejando únicamente la frase: “compuesta para festejar el recuerdo de un gran héroe”.

Ludwig Van Beethoven nació en Bonn, Arzobispado de Colonia, 16 de diciembre de 1702​ y murió en Viena, 26 de marzo de 1827. Su legado musical abarca, cronológicamente, desde el Clasicismo hasta los inicios del Romanticismo. Su producción incluye los géneros pianísticos, de cámara, concertante, sacra, lieder, música incidental y y orquestal. Su obra más popular es la novena sinfonía.  Sus nueve sinfonías están fechadas entre 1795 y 1812.

El tercer concierto del ciclo Beethoven-Salgado será este viernes, en el Teatro Pumapungo, a las 20:00. Entrada libre hasta completar aforo. (I)

Jackeline Beltrán Aguilar