Salvador Rodríguez, el sacerdote antiminero, se despide de San Joaquín

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En su despedida, el sacerdote hizo hincapié en la necesidad de defender los páramos y el agua de las minerías. AWM

Cuando sea su turno de hablar sobre el trabajo que ha realizado en San Joaquín en dos años y dos meses, el padre Salvador Rodríguez, entre tantas cosas dirá: “Por la plata baila el perro, y por el oro baila el perro y la perra”, y la gente que está en la iglesia reirá. Pero antes de su informe de labores, las centenas de personas están calladas y tristes.

El 02 de febrero de 2020, que además de ser un palíndromo porque se puede leer de izquierda a derecha o viceversa, será una fecha que se recordará entre quienes conocieron a Salvador Rodríguez porque fue su último día como el sacerdote de la parroquia San Joaquín.

Aunque no es nada novedoso que los curas suelen ser nómadas, o aves de paso, como dice el propio Salvador, para quienes lo siguieron fue un golpe que todavía no ha sido asumido para tratar de sanarlo. Y no es solo por su manera de dar misa, que dista de un sacerdote común y corriente, sino de una característica que es casi nula entre sus homólogos: la defensa del agua.

Desde que llegó el padre Salvador Rodríguez a San Joaquín, tuvo una posición clarísima: proteger a la naturaleza del consumismo impulsado por el capitalismo. Rodríguez, junto a las comunidades más alejadas del centro parroquial, se opusieron a la minería metálica y a la construcción del proyecto hidroeléctrico Soldados-Yanuncay impulsado por Elecaustro.

Pero la defensa en Rodríguez no es nada nuevo: en la década de los noventa, un joven Salvador llegó al cantón Ponce Enríquez y se opuso a la minería.

“Los páramos están amenazados por la voracidad del capitalismo, por aquellos que piensan que la naturaleza debe ser convertida en mercancía para vender, ganar y lucrar. Y esta defensa no solo es San Joaquín, en Ponce Enríquez ya nos declaramos antimineros”, dijo Rodríguez ayer frente al canciller Walter Castro, representante de los obispos de Cuenca.

Presión

Los que siguieron a Salvador en la defensa de la naturaleza creen que su partida de San Joaquín es una presión para quitarlo del medio. Según Rodríguez, se tomará un tiempo en Colombia, y prevé que retorne a Ecuador a diciembre. Sobre aquello dijo que cuando regrese “veremos que pasa”.

Para Mario Fárez, dirigente de la Coordinación de Saberes Ancestrales de San Joaquín, se ha conocido sobre “las presiones poderosas de transnacionales y negocios” en relación a la defensa de los humedales, aun así, aseguró que las comunidades seguirán trabajando para mantener alejadas a las empresas mineras y al proyecto hidroeléctrico.

Por su parte, el canciller Walter Castro se dirigió a los feligreses por la partida de Salvador Rodríguez: “seguramente unos están tristes… pero el sacerdote tiene bastante claro el objetivo que es servir a Dios”.

Desde ahora, el sacerdote Héctor Cristancho estará a cargo de la iglesia en San Joaquín, y una parte de la población espera que les apoye en la defensa del agua. (AWM)-(I)