Trato injusto a Cuenca

Carlos Castro Riera

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Cuenca ha venido soportando un trato injusto por parte de los gobiernos de turno, situación que se ha agudizado en los últimos doce años sin que se avizoren días mejores y por el contrario se ciernen graves amenazas que deteriorarían aún más sus condiciones de vida.
En efecto Cuenca no ha podido superar su condición marginal en la atención a la infraestructura vial sin recibir en forma proporcional la participación que debería tener en el presupuesto del Ministerio del Transporte y Obras Públicas, situación que se desprende de un simple análisis comparativo de cifras y la tragedia que se vive con constantes interrupciones en las vías principales y las soluciones parches en cada momento, por no hablar de las vías inconclusas por décadas con un sinfín de contratos.
Pero no solo que tenemos vías terrestres con permanentes deterioros, derrumbes, deslizamientos, hundimientos, con pésimo estado de señalización que provocan constantes accidentes, sino graves deficiencias en el transporte aéreo con un número escaso de frecuencias, pasajes carísimos y sin servicio aéreo con Guayaquil, lo que constituye un verdadero retroceso histórico, a lo que se suma los retrasos y suspensiones arbitrarias de vuelos.
El centralismo sigue castigando a Cuenca y con la recentralización correísta, se perdió la participación accionaria del GAD provincial, GAD de Cuenca y otros cantones, en nuestras empresas eléctricas, con la venta forzada del paquete accionario, cuyo pago aún no finiquita el Estado central, el mismo que nos impuso politiqueramente un tranvía sin permitir la rectificación de la ruta y ahora se desentiende con la ciudad traumatizada y partida por la mitad. Tan grave es la situación de Cuenca, que se ha tratado de contentarnos con dejar físicamente la sede histórica de lo que fue Hidropaute, hoy CELEC, y una cancha de césped.
Ahora se pretende sacrificar a Cuenca y el Azuay imponiéndonos el destino de distrito minero, y la “monetización” (privatización) de importantes activos en nuestro territorio como es la central Sopladora, cuando aún ni siquiera se aclara la relación con el conjunto del Proyecto Hidroeléctrico Paute y el chanchullo de la multa a la empresa constructora. Es hora de reclamar con férrea unidad este mal trato a la ciudad. (O)