El origen del maratón

DE HISTORIA EN HISTORIA Bridget Gibbs Andrade

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Desde que tengo uso de razón, “Historia” fue una de mis asignaturas preferidas. Desde hoy, les invito a que juntos, en esta nueva columna, resucitemos de una manera poco convencional, hechos y personajes que aún siguen vivos en las páginas de nuestra historia universal.
La historia del origen del maratón es súper interesante. Empezó en la antigua Grecia cuando a finales del siglo VI a.C. existían varias ciudades griegas bajo el control del Imperio Persa. Este control se extendió hasta el 494 a.C. cuando los atenienses liberaron a muchas de ellas, lo que enfureció al rey de Persia, Darío I.
Para ser honestos, los griegos se portaron sapos, de ahí el dicho: “sapo de la Grecia” pues sostenían que las ciudades griegas en Asia tenían que ser liberadas, mientras que Darío solo quería paz en su territorio y pacificar a los griegos bravucones. Como las propuestas de paz no dieron resultado, al rey le dio un colerín que no tuvo fin e invadió Grecia llegando a Maratón, situado a 42 kms de Atenas. Allí, los dos ejércitos se sacaron… el aire. Los sapos griegos se salvaron gracias a que el general Milciades se puso las pilas. Justo cuando estaban concentrados defendiendo sus flancos, el general atacó el centro de la formación persa causando un descontrol bestial y una estampida feroz: huyeron con el rabo entre las piernas.
Aquí surge la leyenda que da origen al maratón. Empieza con el “coshco” Filípides. En Atenas necesitaban saber si después de semejante trompiza, habían ganado o perdido la batalla. Así que Filípides se ofreció en correr la distancia entre Maratón y Atenas para dar la noticia. Al llegar gritó: “¡Nike!” (¡Victoria! allí empezó el marketing de la marca deportiva que aún no existía) y luego, agotado, pasó a mejor vida. Por eso, en las olimpiadas modernas, se incluye la prueba del maratón (42 kms) en honor a este soldado.
Si creyeron que aquí se acaba la historia, se equivocaron.
Esta batalla hizo que años después un nuevo rey persa, mientras se bañaba, evoque “lo dulce que es la venganza” y saliendo de la tina, exclame: “¡A los navíos! ¡A mí no me van a ver la cara como a mi padre Darío!” y regrese a desquitarse de la derrota sufrida en Maratón. Así empezó la batalla de los 300 espartanos, pero esa historia, la dejamos para una próxima ocasión. (O)