CIDH

Aurelio Maldonado Aguilar

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Solo la política maliciosa y manipulada puede obrar de manera tan ruin y sesgada. Solo personajes ciegos ante la realidad y hechos suscitados con violencia sin precedente pueden asegurar y plasmar en sendos informes, como lo hace la CIDH, que en el Ecuador se violaron derechos a la protesta en la revuelta del paro nacional. Pensar que sufra tan gran miopía un ente supuestamente de alto valor y criterio claro y que debería tener como bandera de lucha la verdad e imparcialidad en bien de los pueblos y que a cambio tenga la desvergüenza y el atrevimiento de enviar ruin y casi insolente reclamo al gobierno ecuatoriano, que más bien y en pro de la vida, actuó timoratamente soportando vejámenes insospechados jamás observados en nuestro país y continente. Se dieron revueltas con ataques terroristas organizados y financiados por personajes conocidos, mientras que el gobierno trato de controlar con medidas disuasivas y sin dispar una sola bala, que, en mi personal criterio, bien hubiera sido necesario. El presidente y su ministra aseguran, confirman y nos consta en insospechadas grabaciones, que 435 policías y 80 militares fueron heridos en las reyertas y más de 200 fueron secuestrados, amenazados de muerte y agredidos por dirigentes indígenas en especial por el rechoncho Vargas que enfundado en su penacho golpeo personalmente y azuzó a la turba a cometer vandalismo del más alto salvajismo y destrucción. Impidió llegar suministros y sangre a los hospitales, destruyo 57 ambulancias cosa inaudita que no sucedió ni con el enloquecido Hitler. Imágenes dantescas de incendios y asaltos a la contraloría; canales de tv; uso de armas caseras previamente fabricadas como cohetes y escudos a la usanza de legión romana; planes de guerra urbana; pedradas mortíferas y a mansalva en cabezas de periodistas que por poco asesinan; tomas de entidades como casa de la cultura, cuarteles militares; atentados en instalaciones petroleras; destrucción de vías y ciudades enteras y patrimoniales con daños irrecuperables; agresiones a altas autoridades que fueron sentadas en vergonzoso banquillo y a vista del mundo y obligados a aceptar pedidos de dirigentes atrevidos. Y la desvergüenza llega a tanto, que estos maleantes emplumados y emponchados, pretenden enjuiciar al gobierno en cortes internacionales por el uso abusivo de la fuerza ante un reclamo pacífico y moderado, según ellos, cosa que cabe solo en su afiebrada cabeza entibiada por plumas de guacamayas y pavas de monte. (O)