Aguarongo, una promesa

Tito Astudillo A.

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Caminar por el Bosque Protector Aguarongo, allá en los altos de Jadán, (2.280 – 3.320 msnm) esa terraza verde extendida a lo largo del horizonte oriental del valle de la micro cuenca del río Jadán, es una provechosa aventura que permite el contacto directo con un paisaje de exuberante biodiversidad, fuentes de agua, herbolario ancestral para los habitantes de la zona; área recreativa y muestrario de humedal, flora y fauna nativa para los citadinos que disfrutamos de su visita, a veces comprometiéndonos con su destino o simplemente asumiendo la cómoda posición de la indiferencia.

El bosque está implementado con un moderno Centro de Gestión Ambiental, cabañas, sala de uso múltiple y otros espacios construidos muy acogedores por su diseño, decoración y funcionalidad para ofrecer servicios de alojamiento, alimentación, eventos de capacitación y eco turísticos; una red de senderos con señalización y textos informativos estratégicamente ubicados en los recodos más significativos; miradores que permiten una panorámica didáctica del entorno y sus referentes en el valle Cuenca Azogues; puentes, torres, manantiales y riachuelos en una secuencia que permite, entre sombra y luz, una lectura del paisaje íntimo del bosque y su variedad de especies nobles, utilitarias, decorativas y medicinales, detalles que ahora dejan mucho que desear por su estado de abandono y deterioro, como es el caso de la señalización que ya casi no permite leer los textos.

Comparando el estado actual con lo que veíamos 10 años atrás, se confirma la vieja sentencia poética, “todo tiempo pasado fue mejor”, como cuando había una guardianía al ingreso, servicio de alojamiento, alimentación, guías permanentes, senderos y señalización perfectamente conservados, condiciones que garantizaban una experiencia turística positiva. (O)