Una pasada para agradecer al Niño por los milagros concedidos │VIDEO

1034

¿Cómo entender la motivación, el gozo y la alegría que produce una imagen? Para quienes lo sienten, la respuesta está en los milagros y a las respuestas a los pedidos. Si no, por qué pedir, por qué implorar ante la materia en forma de Niño.

Quizá, por eso, por la merced, es que cada año las calles de la Cuenca se vuelven casi intransitables para dar las gracias al Niño Viajero, que solo se deja ver el 24 de diciembre de cada año.

Cada quien celebra y agradece a su manera la cura de enfermedades que los médicos no pueden sanar, cada quien da las gracias porque el dinero llegó.

De hecho, los pedidos son solo dos: dinero y salud, o salud y dinero; todo depende de la situación.

“A mí el Niño me sanó, yo era ya un cadáver, pero me salvó. Y entonces no he faltado un solo año a la pasada, porque vengo a agradecer lo que ha hecho por mí. Tengo ya 81años, y el Niño me da fuerzas para venir al pase y caminar como muestra de mi infinito agradecimiento”, dice Cruz Baculima.

A diferencia de Cruz, su hijo, Óliver Mejía, agradece por su situación económica, que la compara con el pasado y presente. Recuerda su niñez, su adolescencia y su adultez, y las etapas de penurias que tuvo que vivir, y entonces llora, porque ahora hay una diferencia < abismal que, según él, se debe a los pedidos que ha hecho a la imagen del Niño.

> Una historia que se repite

Los milagros se repiten en las familias que este martes 24 de diciembre participaron en el Pase del Niño Viajero: la cura a enfermedades sin remedio, dinero para mantener a los hijos con alimento y estudio, el éxito en el periplo para llegar a un país extranjero; en fin, dinero y salud, salud y dinero.

Cuando hablamos de familias, nos referimos a quienes se inscribieron para usar un vehículo alegórico o simular a un mayoral (en total, según la Curia, fueron 80 los inscritos), porque también están las historias de las personas que asisten al Pase del Niño por una tradición de sus antecesores.

También están los hijos que son obligados y están los que quieren mostrar lo que mejor saben hacer: tocar un instrumento, bailar, o tomar fotografías profesionales o tomarse fotografías para los estados de las redes sociales.

“Yo vengo porque me gusta ser parte de la celebración. Yo no soy una religiosa, pero tampoco eso significa que no sea creyente. Cada uno vive a su manera y cree a su manera. Es cuestión de respeto”, dice Sofía González, quien se vistió con el traje más repetido en las pasadas: el de Ángel.

Las participaciones son repetitivas. Si uno compara las pasadas de los últimos años es lo mismo, solo que con otros rostros: otro alcalde, otro monseñor, otro policía, otra autoridad, otro milagro. Lo que ya no se repite son las tradiciones o los objetos que se usaban hace un par de décadas, como por ejemplo: los mayorales.

Los que ya no están

Hasta hace unos treinta años, según los que han visto pasar docenas de pasadas ante sus ojos, ha habido cambios. Uno de los más significativos es la casi desaparición de los mayorales, quienes eran reflejados en los caballos y burros, y montados por los jinetes.

Hay varios factores o hipótesis, pero la principal razón que atribuyen los conocedores, es el dinero. Para armar un mayoral se requiere varios recursos porque están conformados de comida, golosinas, bebidas; y a ello se suma el traje del jinete: ponchos, camisas y pantalones bordados. Solo la vestimenta puede llegar a costar unos 800 dólares.

“El mayoral quería decir poder. El mayoral era el dueño de la hacienda que tenía dinero para vestir a su caballo con toda la comida posible y tenía dinero para pagarse un traje de lujo y único. No podía repetirse”, explica Jesús Abad, un cuencano que ha visto las pasadas desde que tiene memoria.

Con el paso del tiempo, los caballos han sido suplidos por los vehículos para decorarlos. Aun así, no todos los carros que fueron parte de la pasada de ayer fueron decorados pomposamente porque no hay el dinero para comprar los alimentos ni las bebidas, y mucho peor un traje caro. Dos telas de colores entrecruzadas, y un par de golosinas en los alrededores es lo que ha quedado del pasado.

“Era muy bonito ver los mayorales, pero todo cambia. Hay tradiciones que se pierden. Pero yo creo que eso es lo de menos. Si viéramos que el propio Pase del Niño fuera a desaparecer, eso debería preocuparnos. Pero no creo que suceda. El Niño seguirá cumpliendo milagros, y la gente saldrá a la calle a agradecer”, dice Cruz Baculima antes de despedirse para ser parte del pase. (I)

Pase del Niño Viajero 2019

#ENVIVO – Pase del Niño Viajero 2019> Recorrido por la calle Simón Bolivar#mercurioec

Posted by Diario El Mercurio on Tuesday, December 24, 2019