Los grandes pesebres son una tradición en estas familias

Los grandes nacimientos son un atractivo en varios hogares

136
En la casa de la familia Peña-Arias, el nacimiento varía cada año; el de este tiene 12 metros cuadrados. XCA

Con decenas de figuras, creatividad y pasión, las familias cuencanas recrean el nacimiento de Jesús.

En 12 metros cuadrados del hogar de Vicente Peña y Zoila Arias caben decenas de figuritas que únicamente salen de la bodega los últimos días de noviembre, cuando esta pareja de esposos empieza a dar forma a un nacimiento que se ha convertido en el atractivo de sus familiares y amigos.

La tradición empezó hace ya dos décadas. Vicente y Zoila han recreado pesebres en casas diferentes y con nuevas piezas cada año. “Los dos compartimos la misma afición, cuando vemos algo que nos gusta lo compramos y ya tenemos más de 600 piezas”, cuenta Zoila y enseña con entusiasmo las casas y los soldados romanos adquiridos este año.

Los ubicaron junto a los personajes que recrean el Belén donde nació Jesús, lleno de pastores, panaderas, comerciantes; pero también hay figuras propias de la ciudad, como la Catedral de la Inmaculada, la Cruz del Vado, un trío de cholas e incluso una llama.

“Esto es algo que nos alegra y nos une, vienen la familia, los amigos, los vecinos”, cuenta Víctor Peña, el más entusiasta de la casa. La misma emoción que él expresa la viven otras familias cuencanas que conservan la tradición de elaborar nacimientos y lo hacen a gran escala y mucha creatividad.

La afición por mantener esta tradición hace que estas familias se conviertan en una especie de coleccionistas de figuras religiosas. Siempre hay espacio para más pastores, casas, animales. “Sabíamos decir este año ya no te vamos a comprar nada niñito, ya estamos gastando mucho y se pierde una caja con los ciervos, así que nos tocó comprar”, cuenta Rosa Espinoza, quien arma un nacimiento que cubre toda la pared de su casa desde hace más de una déada.

Espinoza le tiene una gran fe al niño Jesús. Ha tenido varias imágenes que lo representan, cada vez de tamaño mayor y de ellos tiene un largo anecdotario. El primero que tuvo cabía en la palma de su mano. Lo había comprado en Perú, “era hermoso, los ojos parecían naturales. En una caída se hizo polvo”, recuerda. Cuando adquiría uno más grande regalaba el anterior a sus familiares.

Ahora en su nacimiento reposan dos figuras, una de 15 centímetros, al que le dicen “el Suco”; y otro que le dobla en tamaño y llegó a su casa tras la insistencia de un vendedor. Estos niños son la motivación de Rosa Espinoza cada año cuando llega el momento de armar el nacimiento, una tradición que ha contagiado a su hijo Diego, el que ahora es el más entusiasta de la casa. Él selecciona las figuritas, compra las que hacen falta, arregla las luces y también cuida a los niños.

Cuando se trata de lucir el pesebre, la elección del espacio es importante. Este año, Natalia Astudillo no pudo acomodar en el interior de su casa el nacimiento que acostumbra a elaborar desde hace cuatro años. Lo colocó en el jardín, en medio de las plantas que cuida con esmero.

Este nacimiento, aunque tiene pocas figuras y no llena una sala como los anteriores, fue hecho con la misma devoción. Cada año, Astudillo cambia la vestimenta del Niño Jesús, antes  elaboraba los vestidos ella misma, ahora los manda a confeccionar. Este año, la imagen luce un traje azul de gamuza.

La devoción con la que Astudillo, Espinoza y la pareja Peña Arias elaboran cada año sus pesebres está acompañada de un fuerte entusiasmo por la Navidad. Cuando se llega a sus hogares ofrecen chocolate o café, organizan novenas, atienden con calidez a los vecinos y a familiares que saben que ahí pueden pasar un tiempo admirando la creatividad que aflora en quienes tienen una pasión por lo pesebres. (JBA) (I)

DATO: En medio de las figuras clásicas de la época navideña, también se encuentran adornos que representan a la cultura local, como indígenas, animales andinos, oficios tradicionales, edificaciones arquitectónicas.