Una nueva política

Análisis político Marco Salamea Córdova

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Frente a las prácticas de la política tradicional, que es muy común en la mayoría de países, no sería utópico pensar en la posibilidad de una nueva forma de hacer política; un pensamiento que podemos desarrollar brevemente a partir de una comparación entre esas dos formas de política.
Si desde la visión tradicional la política aparece como una actividad practicada por un pequeño grupo de “políticos profesionales”; para una nueva política esta asomaría como una actividad que concierne a amplios y diversos sectores ciudadanos que conforman el pueblo.
SI en el primer caso la política es presentada como una actividad complicada y propia de un grupo de “expertos”; en el segundo caso la política sería vista como la simple gestión de los asuntos públicos y comunes, y que podría aprenderse y practicarse por todas las personas, en la medida que el ejercicio de la política les afecta de manera directa.
A este respecto, ya desde Aristóteles la política se concebía precisamente como la actividad de gestión de los asuntos públicos de la comunidad (de la polis).
Justamente, debido a que la política debería estar ligada con la entera vida de la comunidad, la nueva política sería concebida como una actividad cotidiana y permanente, que incluso copa todos los espacios de la vida social y de las relaciones sociales diarias; espacios desde donde se pueden entrelazar las más visibles y grandes acciones colectivas ciudadanas. Con esto, entonces, la política deja de ser una actividad transitoria y efímera, que tradicionalmente sólo funciona en elecciones, para transformarse en una actividad permanente y duradera (o trascendente), con una potencialidad transformadora y constructiva ilimitada.
Por otro lado, mientras la política tradicional se guía por un “pragmatismo” sin principios, buscando el poder político a cualquier precio, es decir, es esencialmente maquiavélica; la nueva política, en cambio, aparecería ligada a criterios éticos; lo que permitiría medir en cada momento las implicaciones morales de sus acciones, la coherencia de esta con los principios que se reivindican, y con los compromisos que se asumen.
Sólo así sería factible refundar a la política como una práctica ética, es decir, como una práctica que podría denominarse como POLIETICA. (O)