Miércoles de ceniza

José Chalco Salgado josechalcosalgado@gmail.com

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Llegó más pronto. Se adelantó. No fue por los cristos, las misas, o la prédica esperada. Tampoco se hizo necesario la fila entre los feligreses para recibir la cruz símbolo del “polvo eres y en polvo te convertirás”. La ceniza se instaló en Cuenca, antes de hora.

No fue a causa de obras que han quedado en ruinas y produzcan ceniza. Ya todos sabemos, que no hay obras. Tampoco fue a consecuencia de una revolución verde que haya desaparecido y dejado solo cenizas, pues en estricto sentido -ya todos sabemos- que no fue revolución. La ceniza la trajo el viento y el viento la llevó. El volcán Sangay del oriente ecuatoriano, a la celebración llegó.

El miércoles pasado fue de ceniza. La calidad del aire de Cuenca pasó por niveles moderados, poco saludables y dañinos. A la vez, el abandono del Estado central y la lógica de pagar impuestos todo el tiempo para financiar a la Secretaría Nacional de Riesgos y al propio Instituto Geofísico del Ecuador -como todos sabemos- una vez más, mostraron su sin sentido. Sí. La ausencia, incapacidad técnica y falta de celeridad de los entes estatales, manifestó que Cuenca está abandonada y en la cola. Pero gracias al compromiso y pasión por servir, la Universidad dio respuesta y una vez más, demostró su capacidad e histórico rol con la población.

El Instituto de Estudios de Régimen Seccional del Ecuador – IERSE de la Universidad del Azuay tomó la batuta para servir a su pueblo, marcando las pautas y dotando de información pública, técnica y oportuna a los cuencanos sobre la calidad del aire a través de la estación de monitoreo continuo y en tiempo real sobre los registros de contaminantes en el mismo, lo que permitió mantener una población prevenida, segura, considerada importante por parte de la Universidad preocupada por la salud e información de los suyos, como debe ser en cualquier sociedad democrática que cuenta con universidades apasionadas con su tarea y deber.

La Universidad del Azuay junto a su pueblo, en aquel miércoles de ceniza. (O)