Fuente infecciosa

Hernán Abad Rodas

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La crisis de la democracia es la que ha permitido la incursión en la política de demagogos cada vez más audaces, más vanidosos, más autoritarios, que aniquilan las libertades, que dejan a sus países en la ruina económica, política y social.
Las raíces del populismo son profundas y dejan huellas duraderas. Tienen su origen en la decepción e indignación de las promesas políticas que no se han cumplido, y en la corrupción de los funcionarios que se suceden en el saqueo de los recursos públicos.
Los pueblos, cuya mayoría de habitantes padecen hambre, desempleo, injusticia social y viven dotados de un analfabetismo político tenaz, se entregan ingenuamente en manos de caudillos charlatanes de diversos colores, megalómanos expertos en el engaño y la publicidad que terminan inevitablemente en el autoritarismo y la corrupción.
El populismo en todas sus formas y colores es la FUENTE INFECCIOSA, que propaga esta pandemia contemporánea, y lo hace de forma agresiva; con tal ensañamiento en países que llevan a la saga de los intereses nacionales la cultura y la educación, esos lastres que a ciertos personajes de la política les resultan incómodos y pesados.
En las capas sociales abandonadas, los populistas han encontrado terreno fértil para las presuntas revoluciones, las rebeliones anárquicas de estos tiempos extraños y los proyectos redentores de sátrapas y vendedores de ilusiones encumbrados a la cima, por sus respectivas bandas criminales.
Los enemigos visibles más comunes identificados por los políticos de esta nueva corriente del populismo mafioso han sido los partidos tradicionales y la prensa. A los primeros, les han inculpado sin beneficio de inventario, todas las culpas del pasado, pero sobre todo les hacen responsables por haber descuidado desde hace décadas los dos puntuales del desarrollo: la cultura y la educación.
A la prensa independiente, se le ha percibido como una amenaza latente cuando ha tenido la capacidad de informar, investigar y descubrir fechorías y escándalos del poder, de forma objetiva, veraz y oportuna.
Los gobiernos pasan, las dictaduras acaban, los tiranos desaparecen, pero los ciudadanos, somos quienes vivimos y escribimos la historia. (O)