Una mirada a la vida de los monasterios de otro tiempo

Conventos de clausura, aparte de lo espiritual, eran como pequeñas ciudades y alcanzaron poder. En Las Concepcionistas vivían casi 100 personas Los monasterios de clausura en tiempos pasados, especialmente durante la colonia española y primeros tiempos de la República, fueron de gran importancia: influían en la designación de obispos y eran, económicamente, poderosos. El de las “Conceptas” tuvo 13 haciendas, hasta su expropiación por la Ley de Manos Muertas, en la revolución liberal (1908). Así expuso Alexandra Kennedy, historiadora del Arte, en un ciclo de conferencias sobre la vida en los conventos en tiempos pasados y su importancia, sustentadas por Kennedy y María Augusta Vintimilla, lingüista; evento organizado por el Museo de las Conceptas.

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Alexandra Kennedy, historiadora, cuando sustentaba una de sus conferencias. Cortesía

Conventos de clausura, aparte de lo espiritual, eran como pequeñas ciudades y alcanzaron poder. En Las Concepcionistas vivían casi 100 personas

Los monasterios de clausura en tiempos pasados, especialmente durante la colonia española y primeros tiempos de la República, fueron de gran importancia: influían en la designación de obispos y eran, económicamente, poderosos. El de las “Conceptas” tuvo 13 haciendas, hasta su expropiación por la Ley de Manos Muertas, en la revolución liberal (1908).

Así expuso Alexandra Kennedy, historiadora del Arte, en un ciclo de conferencias sobre la vida en los conventos en tiempos pasados y su importancia, sustentadas por Kennedy y María Augusta Vintimilla, lingüista; evento organizado por el Museo de las Conceptas.

Los monasterios eran instituciones grandes que se establecieron en ciudades con suficientes recursos para sustentarlos; siempre fueron edificaciones de gran tamaño, como pequeñas ciudades dentro de la ciudad, y contaban con múltiples servicios. En los monasterios no solo se rezaba: se aprendía, se enseñaba, se trabajaba en varios oficios, resumió.

En el monasterio de la Inmaculada Concepción llegaron a vivir entre 60 y 100 personas y, en un momento, el convento se “tugurizó”, (hacinamiento). Las celdas de las religiosas debieron dividirse; había también celdas que se vendían, total o parcialmente.

Sin embargo, la clausura o aislamiento del exterior en los monasterios no fue tan estricto durante la colonia, se endureció con el arzobispo de Quito González Suárez a finales del siglo XIX.

No cualquier persona podía ingresar como religiosa de claustro, pues uno de los requisitos era entregar una “dote” o asignación económica que llegó a ser de unos 1.000 pesos, en las concepcionistas, valor con el que se podía comprar una casa. Y esta dote era una de las más bajas, pues en el monasterio de las carmelitas era de 2.000 pesos.

El poderío económico llevó a que los monasterios, a través de sus administradores no religiosos, -quienes daban cuentas ante la superiora, llamada abadesa-, concedieran préstamos cuantiosos y manejaran hipotecas.

Una práctica común de las religiosas, que sobrevivió hasta entrado el siglo XX, era la automortificación: se ponían cilicios que las lastimaban o se flagelaban. El propósito era castigar su cuerpo, una forma como, según consideraban, imitaban los padecimientos de Jesucristo en su pasión o combatían deseos o inclinaciones incorrectas.

La vida conventual para muchas no debió ser fácil, pues en su deseo de abandonar el monasterio llegaron a declarar que estaban perdiendo la razón, reseñó la conferencista.

Juguetes encontrados en monasterios de clausura en el país y fuera de él, demuestran que muchas ingresaban siendo niñas. (AVB)-(I)

 

Esclavas, donadas, sirvientas

En un monasterio como el de la Inmaculada Concepción no solo había religiosas, sino mujeres esclavas, sirvientas y donadas.

Las esclavas lo eran en una real condición de tal mientras existió esclavitud y se vendían y compraban como en cualquier lugar del continente, además sujetas a normas de vida conventual pese a no ser monjas: “no levantar voz, vestir con pudor”, aunque estas sí podían salir a la calle.

Había además sirvientas no esclavas, indígenas y mestizas; y también las “donadas”, quienes, siendo niñas, eran entregadas por sus familias al monasterio para que ingresen en él. Con frecuencia nacieron fuera de un matrimonio, hecho muy malvisto en esa época.(AVB)-(I)