Intenciones e inversiones

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El sector público invierte para prestar servicios y hacer realidad aspiraciones ciudadanas. Hay inversiones permanentes como en educación, salud y seguridad. Hay otras que, sin tener igual urgencia, tienen el propósito de mejorar condiciones de vida. Algunas, como el mejoramiento vial de la salida sur de Cuenca se quedan en meras ofertas demagógicas. En otras, encontrar el diseño “ideal” para la construcción o reforma dura años como ocurrió con la plaza de San Francisco que corre el riesgo de volver a ser un mercadillo ajeno al sentido estético de una ciudad patrimonio. Hay algunas, como algunas centrales hidroeléctricas se termina la obra material pero no generan la energía prevista.
El caso del tranvía en nuestra ciudad es un lamentable ejemplo. La intención de contar con un moderno medio de comunicación que mitigue las molestias del atosigante tránsito, hace seis años se dieron los primeros pasos para convertir la intención en realidad enorme para nuestra economía con una inversión gigantesca para nuestra economía. Hay obras, como el alcantarillado, que durante su ejecución genera serias molestias entre los que viven y trabajan en los sectores de construcción, pero que compensan con creces cuando funcionan. En el caso del tranvía, se dio la molesta etapa que comentamos, pero pese al tiempo transcurrido, no se inicia la compensación.
Esta obra fundamenta en alta escala su financiamiento en el pago de los usuarios pues no se trata de un servicio no gratuito. Físicamente está concluida y por un corto tiempo funcionó como prueba y vimos a los tranvías recorrer la ciudad, pero volvió a paralizarse dando lugar a costos de mantenimiento con cero ingresos por servicio. Muchas son las explicaciones que se han dado para esta irregularidad a lo largo de tres administraciones, pero ninguna compensa la frustración de una obra concluida y paralizada. Se anuncia tiempo para su funcionamiento, pero esta secuencia de incumplimientos debilita la credibilidad pública.