Cuando las dominicas llegaron a Cuenca para ayudar los enfermos de lepra

Hace 130 años, la congregación francesa se estableció, en primera instancia, en la capital azuaya.

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Partes del leprocomio se han deteriorado con el paso de los años. Aun así, las hermanas han buscado la manera de arreglar el lugar para usarlo.

El 14 de julio de 1889, cuatro francesas de la congregación de las Hermanas Dominicas de la Inmaculada Concepción llegaron a Cuenca para atender el leprocomio, porque ninguna otra congregación dominica quiso hacerse cargo de los enfermos, que en ese entonces, habían sido mal vistos y abandonados.

La lepra había enfermado a cincuenta personas, quienes estaban en Lazareto, un lugar que en el siglo 19 todavía era considerado lejano de la ciudad de Cuenca. Según en uno de los relatos recogidos en una reseña histórica de la Hermanas Dominicas, su fundadora —Hedwige Portalet— explicó que en el mismo día de su llegada, las francesas se hicieron cargo de los enfermos.

“Dentro de estos silenciosos muros, lóbregos y tristes, viven los lázaros, basura que el mar de la vida arroja a desiertas playas. El leproso vive cargándose a sí mismo como si cargara a un muerto: la podredumbre le esfixia”, reza una de los tantos testimonios (plasmados en la reseña histórica) sobre los enfermos que en primera instancia habían estado en Paute.

No obstante, Mariano Estrella, un químico cuencano, impulsó la construcción del leprocomio que luego llevaría su nombre y sería administrado hasta la presente fecha por las dominicas.

La historia en el leprocomio

Aunque en Lazareto la construcción de viviendas ha aumentado, aún es un lugar silencioso en donde predomina el leprocomio que ya no funciona hace una década, según la hermana Rosa Zúñiga, quien es una de las tres hermanas que vive en el sitio.

Sin embargo, gran parte de las habitaciones en donde dormían las enfermas de lepra fueron arregladas para el catecismo. El resto de cuartos están vacíos o mantienen el mobiliario que fue utilizado hace mucho tiempo.

En el centro del leprocomio está un terreno en donde se alzaron árboles, a los cuales los enfermos se arrimaron. Allí también se sembraron distintos alimentos que luego fueron cosechados y consumidos por los pacientes, que en su mayoría, no vieron cura alguna a la enfermedad.

Por el establecimiento, que fue considerado como sanatorio, caminaron docena de hermanas que nunca se contagiaron de lepra. Entre las que brindaron su ayuda estuvo la hermana Bernarda López. Ella, que falleció a mediados de este año, a sus 93 años, pasó 47 años en leprocomio.

Para las hermanas, el leprocomio, a más del aporte que se brindó a los enfermos, tiene un significado especial: con el trabajo en ese lugar se instauró, primero en Cuenca, y luego en el Ecuador, la congregación de las Hermanas Dominicas 20 años después de su fundación en Francia.

Con su venida a Cuenca, se verían varias obras en Ecuador, entre ellas: escuelas, colegios, asilos y hospitales.

“Para entender lo que han hecho las hermanas por las personas que estuvieron aquí, lo único que puedo decir es que llama amor. Solo el amor nos permite ayudar a quienes más necesitan”, dijo Rosa.

Reconocimientos e historia

Hoy, el comité de exalumnas y el comité de festejos de la Unidad Educativa Particular Rosa de Jesús Cordero, mejor conocida como las Catalinas, celebrarán los 150 años de presencia de la congregación de las Hermanas Dominicas de la Inmaculada Concepción y sus 130 años en Cuenca.

Para ello organizaron una sesión solemne que se llevará a cabo en el coliseo de las Catalinas, a las 19:00, la cual estará conformada con distintas actividades, entre ellas: la entrega de reconocimientos a la congregación y una charla sobre la presencia de las hermanas en la ciudad y en el mundo, que estará a cargo de un grupo de exalumnas que en noviembre viajaron a Europa para visitar los lugares en donde estuvo la fundadora Hedwige Portalet. (AWM)-(I)