Rememorar la niñez a través del coleccionismo

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La añoranza de la infancia: agarrar un juguete nuevo y empaquetado para tocarlo, sentirlo y decir ¡guau! Y luego el paquete destruido y los restos en el suelo porque es el momento de jugar. En el presente, en la adultez, el número es ínfimo de quienes se atreven a comportarse como un niño con juguete nuevo. Quizá por los patrones culturales, quizá porque ya pasó.

Aun así, reiterando en los pocos que saben cómo alegrarse con una figura que a simple vista no tiene vida, están. Se hacen llamar coleccionistas. Hasta hace no mucho, ellos solían guardarse la felicidad de adquirir un juguete. No había con quién compartir. No había quién los entienda.

Solo una figura de acción podría llegar a costar hasta 3.00 dólares.

Pero uno que otro ha tomado la decisión, si es necesario, de explicar a lo que algunos llaman pasatiempo. Por ejemplo: Xavier Miranda, un joven ambateño, dio un paso hacia adelante y organizó en su ciudad un festival para que los coleccionistas exhiban lo que han ido adquiriendo desde que decidieron ser eso: coleccionistas.

“Para mí coleccionar me lleva a mi niñez. Antes uno sacaba los juguetes y jugaba, y aunque ahora no hacemos eso, los limpiamos porque ya empolvan. Antes, uno les metía en el lodo, ahora los sacamos de allí para limpiarlos y verlos”, dice Xavier.

En el festival se exhiben cientos de figuras de acción.

El festival, que se organizó en junio pasado, fue un éxito porque hubo docenas de personas que se acercaron para ver los juguetes, pero sobretodo porque los coleccionistas se animaron a ser parte de un evento que en el Ecuador, de a poco, se realiza.

Xavier optó por organizar otra vez el festival, nada más que en esta ocasión se lo trasladaría a Cuenca, en donde a los coleccionistas ya no se los cuenta con los dedos de las manos.

Coleccionando en familia

Desde chiquito, como él mismo dice, el cuencano Álvaro Flores ya coleccionaba: compraba los famosos chitos solo para guardarse los tazos. El pasatiempo, cuando se hizo adulto, se mantuvo, y desde hace ocho años colecciona “en serio”.

Álvaro tiene muñecos que superan los mil dólares, muñecos italianos, muñecos japoneses, muñecos originales. Hace algún tiempo, y sin ahondar demasiado, se preguntó cuánto había invertido (los coleccionistas no hablan de gasto sino de inversión): 30.000 dólares. Pero él sabe que no es un valor exacto, porque la realidad es otra si uno ve los cientos de muñecos que tiene.

“Antes de casarme le dije a mi esposa que yo coleccionaba. Ya le dije, le advertí de esta adicción, y ello lo entendió y nos casamos”, dice Álvaro y sonríe.

Hay cientos de figuras que se pueden coleccionar.

La adicción, que inicia con la compra de un juguete, se replicó en la familia de Álvaro. Su esposa y su hija coleccionan las Barbies. Y entonces todo quedó entre la familia de tres.

Un sustento económico

La venta de figuras de colección ha tenido un crecimiento importante. No obstante, lo que se ve en el mercado, en su mayoría son réplicas. La mayor parte de estas copias,que por cierto son casi exactas, son de los juguetes más famosos: los personajes de Dragon Ball.

Los coleccionistas, ante la invasión de las réplicas, prefieren ir a lo seguro: comprar directamente a las empresas que venden las figuras. Y aunque el proceso puede ser tedioso y lento (porque quienes venden están en el exterior), vale más la paciencia que tener un juguete que no es original.

En las réplicas hay quienes han visto una oportunidad. Como es el caso de Galo Freire. Tras cumplir con una serie de requisitos obtuvo el permiso para vender los muñecos de la casa de producción Hot Toys, los cuales cuestan entre 300 y 800 dólares.

“Vi que había cómo vender. Había gente que compraba, entonces los traje del exterior. Esta es una oportunidad para vender muñecos originales porque aunque no parezca en Ecuador hay mucho gente que le gusta coleccionar”, dice Galo.

Pero no solo los muñecos se han convertido en un medio para obtener dinero. Hay historias, como la de José Portilla quien ha viajado a México, Japón y Corea del Sur para traer ciertos elementos de la cultura del manga y del K-pop (música popular coreana), que de una u otra manera están ligados con las figuras de colección.

Los mangas son productos muy buscados en el país.

Los productos que lo acompañan en su maleta los ha vendido al regresar al país, y con el dinero obtenido los vuelve a invertir para viajar por el mundo.

“Para mí no es un negocio. Para mí es una oportunidad para viajar y conocer. Y si conozco puedo llevar a otras personas para guiarles y que conozcan otras culturas”, dice José.

Sobre el festival

Hoy finalizará el Fan Toy Fest en las instalaciones del Colegio de Ingenieros Civiles del Azuay (redondel del estadio). La atención será desde las 09:00 hasta las 14:00.