Jubilados, turistas y peleas, la cola en las audiencias sobre Trump y Ucrania

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El exdirector principal para Europa y Rusia en el Consejo de Seguridad Nacional, Fiona Hill (L), y David Holmes (R), consejero político de la Embajada de los Estados Unidos en Kiev, Ucrania, juraron testificar durante el Comité Selecto Permanente de la Cámara sobre la audiencia pública de inteligencia sobre la investigación de juicio político contra el presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump, en Capitol Hill en Washington, DC, EE. UU., 21 de noviembre de 2019. La investigación de juicio político está siendo dirigida por tres comités del Congreso y se inició a raíz de una denuncia de denunciantes que alega a Estados Unidos El presidente Donald J. Trump solicitó ayuda del presidente de Ucrania para investigar a un rival político, Joe Biden y su hijo Hunter Biden. (Abierto, Rusia, Ucrania, Estados Unidos) EFE / EPA / MICHAEL REYNOLDS

Estudiantes repasando apuntes, turistas, jubilados y curiosos con camisetas de campañas electorales pasadas esperan a que se abra la puerta de una de las salas del Capitolio para asistir a la comparecencia de un testigo clave en la investigación para abrir un juicio político al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Esta fila de unas 250 personas espera sin armar mucho revuelo a que un guardia les permita la entrada, aun cuando saben que muchos se quedarán fuera, pese a haber dedicado horas a la espera.

El plato fuerte de la jornada ante el Comité de Inteligencia de la Cámara Baja es el embajador ante la Unión Europea (UE), Gordon Sondland, quien formó parte del “canal paralelo” que redefinió este año la política de Washington hacia Ucrania.

PELEA EN LOS PASILLOS DEL CAPITOLIO

“Es un día histórico”, explica a Efe Margaret Palermo, quien lleva aguardando más de dos horas, “hay que intentarlo y armarse de paciencia”.

Sin que nadie se lo espere, la calma se rompe por momentos: Dos personas empiezan a discutir acaloradamente. Tres policías rodean a un joven que viste indumentaria de la Universidad de Washington y a un hombre ataviado con ropa de caza y una gorra color caqui.

“Yo no he hecho nada, solo conversaba con él. Es un seguidor de Trump”, clama el joven de cabello oscuro; el hombre, probablemente en la cincuentena, se mantiene callado.

Los agentes les advierten de que no permitirán peleas en el Congreso y para evitar problemas adelantan en la cola al supuesto trumpista, mientras que el joven, que parece haber iniciado el conflicto, se lamenta.

EL CONGRESO: HOGAR PARA JUBILADOS

Tras el revoltoso estudiante está Patrick Finucane, de 69 años, un antiguo bróker neoyorquino que se mudó al área metropolitana de la capital hace dos años.

Este jubilado que luce una gorra de los New York Mets, un equipo de béisbol de la Gran Manzana, asegura que no es la primera vez que su pasión por la política le llevan a presenciar una comparecencia mediática.

“Yo estaba en la sala cuando leyeron el veredicto a Roger Stone”, dice orgulloso en referencia al juicio a este asesor de Trump que el viernes pasado fue condenado por cargos derivados de la investigación sobre la llamada trama rusa.

Finucane se aventura a pronosticar y se queja de que las audiencias de los testigos en la investigación “no servirán para nada, el Senado no destituirá a Trump”.

EL COMITÉ DE INTELIGENCIA, NUEVA PARADA TURÍSTICA

Un sentimiento que comparte con Tom Hamilton: “En algún lugar de mi corazón anhelo que se deponga a este presidente corrupto, pero me temo que algunos de mis senadores republicanos tienen otras prioridades”, afirma este hombre que viste una camiseta a favor de Fred Hubbell, el candidato demócrata a gobernador del estado de Iowa (EE.UU) que fracasó en el intento en 2018.

Hamilton ha venido a Washington desde Iowa, donde reside, para visitar a una amiga, y ambos han decidido añadir el testimonio de Sondland en su ruta turística capitalina.

El iowano parece no ser el único turista en este pasillo de uno de los edificios que albergan los despachos de los congresistas estadounidenses. Junto a la puerta de la oficina de Tim Ryan, representante demócrata por Ohio, un grupo de veinteañeros hablan en alemán.

SCHIFF, NUEVO PROFESOR UNIVERSITARIO

Apenas unos puestos por delante en la cola, acurrucado contra la pared, un joven escudriña un libro de texto. Su nombre es Kevin Cayr y cursa Relaciones Internacionales en la Universidad de George Washington, menos de cinco kilómetros de distancia del Capitolio.

Cayr lleva desde que llegó hace una hora y media estudiando en silencio mientras espera a que los agentes abran la puerta de la sala. A pesar de haber llegado muy pronto, no conseguirá entrar a tiempo para ver el discurso inicial de Sondland ante el Comité de Inteligencia; tendrá que aguardar a que otros se cansen y cedan su puesto a aquellos que no han podido acceder a primera hora.

Este universitario detalla que su motivación para acudir hoy a la comparecencia del embajador ante la UE es “conocer mejor la corrupción que envuelve al presidente”.

Sin embargo, Cayr engrosa las filas de los demócratas desesperanzados, ya que descarta que Trump vaya a ser cesado del cargo, pues cree que los testimonios “no cambiarán la opinión” de los republicanos. EFE